Los neurólogos hablan de la memoria semántica y usan algoritmos. Se trata tal cual de “semántica” y también de scanners cerebrales.

Si procesáramos la biblioteca de una persona, las cosas que lee o escribe, etc., podríamos estudiar qué correlaciones hay entre sus lecturas y lo que escribe.
Luego podríamos poner esas correlaciones en un procesador de textos personalizado para esa persona.

Me gustaría, por ejemplo, procesar así el catálogo de Linkgua.

Nuestro conocimiento es memoria semántica, un corpus de información canónica de temas varios, no solo literaria. Con conceptos clave conectados entre sí y esas conexiones se pueden representar mediante grafos de conocimiento.

Los neurólogos hablan también de la memoria episódica, compuesta por nuestros recuerdos vitales.
Sin embargo, la relación conceptual entre nuestros recuerdos, es decir:  el “índice” de las cosas que hemos vivido o de las cosas que pensamos, se gestiona mediante la memoria semántica.

Hoy es relativamente sencillo hacer un scanner cerebral y ver qué partes del cerebro se activan cuando pensamos según qué cosas.

La estructura de esas conexiones es muy parecida a la de los algoritmos semánticos.

Por ejemplo, en caso del tratamiento del Alzeimer se podría frenar el deterioro de las conexiones cerebrales. Es decir, se podría asistir a un cerebro humano copiando sus procesos asociativos con una computadora y ayudándolo, mediante electrodos, a recuperar sinapsis perdidas.
En eso está Neuralink, la empresa de Elon Musk.

Quiero analizar la escritura de ciertos autores y crear una especie de asistente de personal de estilo a la medida de cualquier humano.

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