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Revista de La Habana

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Revista de La Habana (La Habana, 1853-1857). Periódico quincenal de ciencias, literatura, artes, modas, teatros, etc., con litografías y grabados. El primer número correspondió al mes de marzo. Fueron sus editores Rafael María de Mendive y José de Jesús Quintiliano García, quienes firmaban un artículo inicial en el que expresaban: «Al entrar con nuestra primera entrega en la época crítica para todo periódico en que el público a quien se dedica decide de su vida, debemos una manifestación a los que con tan decidida protección se han dignado acoger nuestro pensamiento, y estamos en el caso de explicarles el carácter de nuestra REVISTA. Al concebir la idea de ella, al resolvernos a anunciarla, las aspiraciones que nos movieron eran tan dignas de una capital culta, como lícitas aún a nosotros; no que conceptuáramos, inmodestos, que nuestras pocas escasas fuerzas fueran sobrado potentes para dar cima a la empresa, sino porque teníamos presente que cada cual puede en lo que está a sus alcances contribuir al bien de su país, y que lo era para el nuestro una publicación científica y artística de que carecía, dado que no estaba tan escaso de periódicos literarios y amenos; porque contábamos con todos los medios materiales bastantes para acometer la empresa, y en fin y principalmente porque fiábamos en que nuestro mundo literario acudiría en ayuda nuestra con sus escritos los unos, los otros con toda aquella protección a que se hace acreedora toda empresa útil de por sí.» Y más adelante añadían que «… adoptando para nuestra publicación el título de “Revista”, le hemos dado como una fisonomía local, un carácter propio para un país que como el nuestro puede considerar como un título de gloria las anomalías que presenta su ilustración, por la rapidez asombrosa con que ha alcanzado la altura en que se encuentra; y sin dejar de la mano el arte y la ciencia, su amenidad le hará capaz de lograr la lectura de mayor número de personas y el atractivo de lo pintoresco aumentará en mucho su circulación. Así, pues, aunque pudiera aparecer alguna oposición entre el grave título de “Revista”, y lo ameno y puramente agradable de algunos de sus artículos, y lo atractivo de su parte material; con todo, creemos que la persona más severa tendría bastante sensatez para perdonárnoslo gustosa en gracia de tan motivada causal y del provecho que insinuamos». Finalmente expresaban que «… hoy tenemos derecho a asegurar que las firmas de casi todos los más distinguidos de entre nuestros escritores, honrarán las páginas de nuestra “Revista”, y ofreciendo al público que tan notable suceso no nos hará desmayar en nuestros esfuerzos le tributan el debido homenage [sic] los Editores de la REVISTA DE LA HABANA». La segunda época comenzó en octubre de 1856; a partir del ejemplar correspondiente a enero de 1857, dejó de tener subtítulo y el formato se redujo. Con relación a estos cambios sus editores manifestaron que «Variará en su forma porque debe variar; no en el fondo […] las modificaciones que en ella presentamos no tienen por ridículo objeto el rivalizar con análogas publicaciones de otros países». No obstante, debido a la falta de suscripciones, se dejaron de publicar grabados, retratos, litografías, modas y música, entre otros materiales. Esta revista —definida por Feliciana Menocal como «… el monstruo editorial del siglo XIX […]»—, publicó cuentos, poemas, novelas por capítulos, trabajos sobre arte, historia, arqueología, modas (a cargo de Anarda), biología, derecho, literatura, moral, religión, química, teatro, adelantos científicos, costumbres, filosofía, estética, biografías, gramática y sobre otros temas. Además, publicó abundantes críticas literarias, traducciones y notas bibliográficas. Tuvo varias secciones fijas, como «Revista científica», que comentaba los últimos adelantos en esta materia, preferentemente en Europa, y «Revista», especie de crónica con la que finalizaba cada entrega. Colaboraron en sus páginas las figuras intelectuales más importantes del momento, entre ellas, Antonio Bachiller y Morales, Ramón Zambrana, Juan Clemente Zenea, Ramón de Palma, José Fornaris, Emilio Blanchet, Gertrudis Gómez de Avellaneda, José de la Luz y Caballero, Felipe López de Briñas, Narciso Foxá, Joaquín García de la Huerta, José Fornaris, Ignacio María de Acosta, Francisco Javier Angulo Guridi, José de Armas y Céspedes, Andrés Poey, José Victoriano Betancourt, José Agustín Suzarte, Cirilo Villaverde, Félix Tanco y Bosmeniel, Francisco Javier Blanchié, Ramón Piña —cuya novela Gerónimo el honrado apareció por capítulos—, José María de Cárdenas, Manuel Costales y Govantes, José Antonio Echeverría, Anselmo Suárez y Romero, Eusebio Guiteras, José de Jesús García y Valdés, José Silverio Jorrín, Tranquilino Sandalio de Noda, Felipe López de Briñas, Joaquín Lorenzo Luaces, Adelaida del Mármol, Federico Milanés, Manuel González del Valle, Pedro José Morillas, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), Fernando Pié y Faura, José Gonzalo Roldán, Leopoldo Turla, Felipe Poey y otros. El último ejemplar publicado correspondió a septiembre de 1857. Al final de cada uno de los volúmenes apareció un índice con los autores y materiales incluidos. Preparado por Feliciana Menocal, con la colaboración de Aracely García-Carranza, se ha publicado su índice analítico, aparecido en Índices analíticos (La Habana, Biblioteca Nacional José Martí. Departamento Colección Cubana, 1964, pág. 120-146).

Revista de La Habana (La Habana, 1930-[Id. ?].) Publicación mensual que comenzó a salir en enero, bajo la dirección de Gustavo Gutiérrez y con un cuerpo de redactores integrado por J. M. Bens Arrate, Antonio Sánchez de Bustamante y Montoro, José Antonio Fernández de Castro, Enrique Gay Calbó, Luis Gómez Wangüermert, Max Henríquez Ureña, Ofelia Rodríguez Acosta, Emilio Roig de Leuchsenring, José Zacarías Tallet, José Manuel Valdés Rodríguez. Su repertorio era amplio y variado; incluyó artículos sobre teoría y movimientos literarios e historia de la literatura, historia de Cuba y de América; artículos filosóficos, feministas y sobre economía, música, pintura, así como algunos trabajos sobre España y la Unión Soviética. Aparecieron también algunas piezas de teatro y comentarios sobre las mismas. Contaba además con secciones fijas: «Los libros», que reseñaba las publicaciones más destacadas; «Revista de revistas», generalidades sobre publicaciones periódicas extranjeras; «Crónicas», comentarios y noticias sobre arte, letras, radio, cine, política, economía y educación. Además de los textos de los integrantes del consejo de redacción, en sus páginas aparecieron diversos trabajos de Enrique José Varona, Fernando Ortiz, Orestes Ferrara, Emeterio S. Santovenia, Raúl Roa, Sergio Carbó, Juan Luis Martín, Alejo Carpentier, Guillermo de Montagú, Rafael García Bárcena y Héctor Poveda. Publicó poemas de Agustín Acosta, Manuel Navarro Luna, Félix Pita Rodríguez, Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Rafael Esténger y Luis Rodríguez Embil, y cuentos de Antonio Hernández Catá, Pablo de la Torriente Brau y Gerardo del Valle. Incluyó dibujos y grabados de Víctor Manuel, Karreño y Valls. El último número consultado corresponde a diciembre del mismo año.

Revista de La Habana (La Habana, 1942-1947). Publicación mensual dirigida por Cosme de la Torriente. El primer número correspondió al mes de septiembre. René Lufriú fue su secretario de redacción hasta el número 6; desde el siguiente y hasta su desaparición ocupó ese cargo Félix Lizaso. El consejo de redacción inicial estuvo formado por Dulce María Borrero de Luján, Emeterio S. Santovenia, Jorge Mañach, Raúl de Cárdenas, Mariano Brull, José M.ª Chacón y Calvo, Manuel Sanguily [Aritzi]. Más tarde se amplió con otros nombres: Luis Rodríguez Embil, Luis V. de Abad, Fermín Peraza, Octavio R. Costa, Ana María Borrero, Enrique Gay Calbó, Pánfilo D. Camacho y Gustavo Duplessis, entre otros menos conocidos. En el número inicial expresaban que la revista estudiaría «… con calma y serenidad, así como con tiempo suficiente, cuantos problemas internos o externos debamos considerar en la presente hora, sin consideración a la política partidista, ni a las conveniencias individuales de personas o grupos de nuestra sociedad y sí solo a lo que es fundamental y permanente para la afirmación y sostenimiento perpetuo de nuestra independencia y soberanía, y con ella de nuestro sistema republicano de gobierno, así como de la libertad, la democracia y la justicia social, sobre las que debe asentarse siempre nuestra nacionalidad, a la vez que cultivando nuestras más estrechas relaciones con la gran República que nos ayudó a ser libres, con nuestros otros vecinos más próximos y con todas las demás naciones de nuestra América […]». Tras la pretendida imparcialidad política de esta revista, se manifiesta en ella una absoluta defensa a la política imperialista, así como un decidido ataque a los países del campo socialista. Ofreció amplia información sobre la segunda guerra mundial. Publicó materiales relacionados con la política interna y externa de Cuba y sobre asuntos económicos, fiscales, comerciales, jurídicos, sociales, científicos y, en reiteradas ocasiones, literarios, siempre a través del ensayo o del artículo periodístico. Tuvo varias secciones, tales como «Opiniones del director»; «De acá y de allá», que trató asuntos políticos nacionales y extranjeros; «Sección de documentos», que publicó actas, manifiestos y declaraciones, y la sección «Libros y autores», a cargo de Fermín Peraza, que dio noticias de los intelectuales extranjeros que visitaban nuestro país, así como de los libros más importantes que aparecían. Aparte de publicar discursos de personalidades extranjeras, entre los cubanos que colaboraron, a pesar de que la mayoría de los trabajos aparecían con la firma de algún miembro de su extenso cuerpo de redacción, figuran Antonio Sánchez de Bustamante y Sirvén, Emilio Roig de Leuchsenring, Max Henríquez Ureña, Medardo Vitier, Alfredo Miguel Aguayo, Gastón Baquero, Felipe Pichardo Moya. En el número 60, último que se publicó, se expresaba que «… las grandes dificultades, por la falta de papel, por el excesivo aumento de la mano de obra y hasta por preocupaciones de toda clase, entre ellas las que hoy ensombrecen el horizonte patriótico cubano, nos hacen detener, por algún tiempo, la publicación de la Revista de La Habana, a la mira de poder seguir apareciendo más adelante, fijando mejor cuáles son las orientaciones y normas que deberán seguir en lo sucesivo, aunque siempre preocupados por los problemas nacionales e internacionales».

Diccionario de la literatura Cubana