De las antiguas gentes del Perú

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ISBN ebook9788498970340
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Descripción

Basta esta cita de De las antiguas gentes del Perú para comprender la idea del «buen gobierno» de los Incas descrita por Bartolomé de las Casas:

«Consideraba (…) la condición e inclinaciones de las gentes, y si entendía que eran orgullosos o inquietos, traía de otros pueblos, mayormente de los que tenía más conocidos y experimentados por fieles y obedientes, aprobados y leales, donde mandaba que morasen y usasen de sus oficios o ejercicios que en su naturaleza usaban, para que los de allí aprendiesen a vivir quietos, y para que, entendiendo quel rey los mandaba poner allí por esta causa, temiesen de hacer novedades, como quien tenía cabe si las espías y testigos que habían luego de avisar al señor, y por consiguiente, de causar en el pueblo inquietud se descuidasen.
En todas las fronteras y límites de su imperio traía de los más esforzados y belicosos de su reino con sus mujeres y casas, mandándoles que allí poblasen y rompiesen las tierras para sus labranzas, dándoles privilegios y exenciones, para que con mejor gana lo aceptasen. Hacíales edificar fortalezas para su defensión y de los pueblos y provincias comarcanos; y esto principalmente se hacía en los confines de las gentes que vivían en las montañas, porque era gente indómita y que salían muchas veces a inquietar y dañar los pacíficos, haciendo saltos. Cuando sentía que algunas gentes de su imperio eran bulliciosas, sacábalos de aquella provincia y dábales tierras en otra parte donde no tuviesen ocasión de bullir o levantarse, cuidando siempre que el temple de la tierra donde los pasaba fuere al de la tierra que dejaban semejante. Éstos que así ponía, y los que mandaba en otros pueblos, llamaban mithimaes. Dejábalos en su vestido y traje y en su lengua, puesto que les mandaba que aprendiesen la natural del pueblo. Sujetábalos a la jurisdicción del señor o gobernador que allí presidía. Tenía también singular cuidado que los vecinos que de una parte a otra mandaba, fuesen a tierra que tuviese el temple mismo y cielo y disposición, o muy propincua de aquella de donde los traían y mandaban; porque ésta es regla general en todas las Indias, que mudándose los indios de tierra caliente a fría, o de fría a la caliente, o que tenga mucha diferencia en estas cualidades, que han de perecer de la gente que hace esta mudanza la mayor parte.»

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