Libro primero de las epístolas familiares

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ISBN papel9788498166897
ISBN ebook9788498975437
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Descripción

Libro primero de las epístolas familiares es un conjunto de textos publicados en dos libros que contienen ochenta y cinco cartas, veintidós razonamientos, discursos y sermones. El primero libro apareció en 1539, y el segundo en 1542.
Las Epístolas de Antonio de Guevara tratan sobre temas variados: consejos a viudas, y hasta una censura a una sobrina desesperada por la muerte de su perra. Contiene sátiras, chistes, anécdotas, transcripciones y comentarios diversos. Hay epístolas de interés político y también histórico, otras hablan de la influencia de los humores en las enfermedades, de los enojos que hacen padecer a los enamorados, del tocado de las damas, y en otras se comentan textos sagrados.
Cada epístola esta dirigida a personas de su tiempo, entre otros: a Alonso Manrique, arzobispo de Sevilla; don Jerónimo Vique, embajador; don Gonzalo Fernández de Córdoba, Gran Capitán; y a mosé Puché. Ellas muestran un panorama de la vida social, política, jurídica y religiosa, del reinado de Carlos V.

“Solón Solonino mandó en sus leyes a los atenienses, que el día que hubiesen vencido alguna batalla, ofreciesen a los dioses grandes sacrificios, y hiciesen a los hombres grandes mercedes, porque para otra guerra tuviesen a los dioses muy propicios, y a los hombres muy contentos. Plutarco dice que cuando los griegos quedaron vencedores en la muy nombrada batalla Maratona, enviaron al templo de Diana, que estaba en Éfeso, a ofrecer le tanto número de plata, que se dudaba quedar otro tanto en toda la Grecia. Cuando Camilo venció a los etruscos y volscos, que eran mortales enemigos de los Romanos, acordaron todas las mujeres romanas de enviar al oráculo de Apolo, que estaba en Asia, cuanto oro y plata tenía cada una, sin guardar para sí mismas ni una sola joya. Cuando el cónsul Silla fue vencedor del muy valeroso rey Mitrídates, tomole tan gran placer en su corazón, que no contento de ofrecer al dios Mars todo cuanto había habido de aquella guerra, le ofreció también una ampolla de su sangre propia. El muy famoso y muy glorioso duque de los hebreos Jethé, hizo voto solemne, que si Dios le tornaba victorioso de la guerra a do iba, ofrecería en el templo la sangre y vida de una sola hija que tenía: el cual voto así como lo prometió lo cumplió. Destos ejemplos se puede colegir cuántas gracias deben dar a Dios los reyes y Príncipes, por los triunfos y mercedes que les hacen: porque si es en mano de los príncipes comenzar las guerras, es en mano de solo Dios dar las victorias. No hay cosa que en Dios ponga más descuido, que es la ingratitud de alguna merced que él haya hecho, porque las mercedes que los hombres hacen, quieren que se las sirvan: mas Dios no quiere sino que se las agradezcan. Mucho se deben guardar los Príncipes de que no sean a Dios ingratos de los beneficios a ellos hechos, porque la ingratitud del beneficio recibido hace al hombre ser incapaz de recibir otro. Al príncipe ingrato y desconocido, ni Dios ha gana de ayudarle, ni los hombres de servirle.”

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