Supresión de la esclavitud en Cuba

Descripción

Supresión de la esclavitud en Cuba. José Antonio Saco

La supresión del tráfico de esclavos africanos en la isla de Cuba, examinada con relación a su agricultura y a su seguridad

Advertencias

I
En 1837 publiqué en Madrid una Memoria intitulada Mi primera pregunta, con el objeto de probar que la abolición del comercio de negros no podía arruinar, ni atrasar la agricultura de la isla de Cuba. Accediendo gustoso a los deseos de un amigo, e ilustrado compatriota, que juzga oportuna su reimpresión, la he examinado de nuevo, y después de quitarle y añadirle lo que me ha parecido conforme a las actuales circunstancias, he formado el papel que ahora doy a la prensa.

II
Bajo tres aspectos principales se puede considerar la abolición del tráfico de negros en Cuba: agrícola o material, moral, y político. En cuanto a éste, sin examinarle de lleno, me contentaré con hacer aquellas reflexiones que basten para despertar la atención de España y de su gobierno sobre los peligros que amenazan a Cuba. Acerca del moral, guardaré un profundo silencio: he preferido combatir el interés con el interés, pues siendo esta arma la que más hiere el corazón, el triunfo es más seguro.

III
Todos saben que, en punto a esclavos, hay dos especies de abolición: una del tráfico con la costa de África, y otra de la misma esclavitud.
Aunque ambas tienen relación entre sí, jamás deben confundirse, y bien puede la primera tratarse, y aun lo que es más, realizarse, con absoluta independencia de la segunda. Aquélla empezó a debatirse en el Parlamento británico desde 1788, y largos años corrieron sin que se agitase la segunda. Dinamarca y los Estados Unidos de Norteamérica condenaron el comercio africano desde los fines del pasado siglo, y en la centuria que corre, condenáronle también Francia, Suecia, Holanda, y el Brasil. Esto no obstante, esas naciones se hallan todavía en plena posesión de sus esclavos. Pero esta distinción, tan marcada por la historia contemporánea, no basta siempre en Cuba para poner a cubierto de los tiros de la calumnia, al hombre honrado, al patriota puro, que levanta la voz para advertir los peligros que amenazan a la patria. El criminal interés de unos, aprovechándose de la credulidad de otros, confunde e identifica las dos cuestiones; y no pudiendo defender el tráfico de negros, porque los tratados y las leyes lo prohíben, y la ilustración del siglo lo resiste, hacen aparecer a quien lo ataca como abolicionista de la esclavitud cubana, como conspirador sanguinario, que empezando por dar de un golpe la libertad a todos los esclavos acabará por degollar a los blancos de su propia raza, y proclamar la independencia. La mano que ahora traza estos renglones, escribió en La Habana en 1832 un artículo en que probó la necesidad de dar fin a tan degradante y peligroso comercio. Pocos fueron los que entonces supieron leerlo con imparcialidad. La opinión del país, dolorosamente extraviada, alzó el grito contra su autor; viose éste calumniado y perseguido; maquinose la venganza, buscáronse pretextos con que cohonestarla, y en castigo de sus sanas intenciones recibió al fin los honores de la expatriación. Pero el tiempo y la verdad, más poderosos que el hombre y la mentira, se encargaron de su desagravio; y hoy, corporaciones e individuos, cubanos y europeos, todos, con muy raras excepciones, todos desean lo mismo que pidió, 12 años ha, el proscrito autor del artículo de la Revista. Mas, a pesar de estos deseos generales; a pesar de las voces que recabo de San Antonio; a pesar de la saludable tendencia de este papel, y de la templanza con que le he escrito, tales son las circunstancias de Cuba, y tanto puede ser el rencor de algún contrabandista negrero, que nada tendría de extraño, que comprando éste un vil denunciante o dos testigos falsos, sorprendiese algún tribunal, y me formasen causa por conspirador abolicionista.

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