Vida del capitán Alonso de Contreras

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ISBN papel9788498168341
ISBN ebook9788499534886
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Descripción

Se dice que Contreras escribió Vida del capitán Alonso de Contreras a instancias de su amigo Félix Lope de Vega, y que este le dedicó una comedia. Esta es una de las pocas autobiografías de soldados españoles del ejército de los Austrias, junto a la Historia verdadera de Díaz del Castillo.

“Nací en la muy noble villa de Madrid a 6 de enero de 1582. Fui bautizado en la parroquia de San Miguel; fueron mis padrinos Alonso de Roa y María de Roa, hermano y hermana de mi madre. Mis padres se llamaron Gabriel Guillén y Juana de Roa y Contreras; quise tomar el apellido de mi madre andando sirviendo al rey como muchacho, y cuando caí en el error que había hecho no lo pude remediar, porque en los papeles de mis servicios iba el Contreras, con que he pasado hasta hoy, y por tal nombre soy conocido, no obstante que en el bautismo me llamaron Alonso de Guillén, y yo me llamo Alonso de Contreras. Fueron mis padres cristianos viejos, sin raza de moros ni judíos, ni penitenciados por el Santo Oficio; como se verá en el discurso adelante desta relación, fueron pobres y vivieron casados como lo manda la Santa Madre Iglesia veinticuatro años, en los cuales tuvieron dieciséis hijos, y cuando murió mi padre quedaron ocho; seis hombres y dos hembras, y yo era el mayor de todos. En el tiempo que murió mi padre yo andaba a la escuela y escribía de ocho renglones; y en este tiempo se hizo en Madrid una tela para justar a un lado de la puente segoviana, donde se ponían tiendas de campaña, y como cosa nueva iba todo el lugar a verlo; juntéme con otro muchacho, hijo de un alguacil de Corte, que se llamaba Salvador Moreno, y fuimos a ver la justa faltando de la escuela, y a otro día cuando fui a ella, me dijo el maeso que subiese arriba a desatacará otro muchacho, que me tenía por valiente; subí con mucho gusto y el maeso tras mí, y echando una trampa me mandó desatacar a mí y con un azote de pergamino me dio hasta que me sacó sangre, y esto a instancia del padre del muchacho, que era más rico que el mío; con lo cual, en saliendo de la escuela como era costumbre, nos fuimos a la plaza de la Concibición Jerónima, y como tenía el dolor de los azotes, saqué el enchillo de las escribanías y eché al muchacho en suelo boca abajo y comencé a dar con el cuchillejo…’

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