Poemas de Juan de la Cueva

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ISBN papel9788498166132
ISBN ebook9788498979138
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Descripción

Juan de la Cueva vivió en Cuenca, en Canarias y en México entre 1574 y 1577; a su regreso a España empezó a escribir dramas. Se inspiró en el Romancero y en la mitología grecolatina y adoptó temas históricos y legendarios.
Escribió además veinticinco sonetos, varias églogas, una elegía, una sextina, tres madrigales y dos odas, que aparecen en el cancionero Flores de varia poesía. El Ejemplar poético, también publicado por Linkgua, escrito hacia 1606 y dividido en tres epístolas, es un arte poética manierista en tercetos encadenados. Otras obras suyas son Viaje de Sannio, poema de crítica literaria; La Muracinda, una narración épica burlesca de una venganza entre perros y gatos en endecasílabos blancos, el poema mitológico en octavas reales Llanto de Venus en la muerte de Adonis, la narración mitológica burlesca en octavas reales Los amores de Marte y Venus. Una colección de sus poemas fue publicada como Obras de Juan de la Cueva (Sevilla, 1582) y sus romances aparecen en Coro Febeo de Romances historiales (1587). También le interesó la épica culta,  y escribió el poema en veinticuatro cantos La conquista de la Bética (Sevilla, 1603), que describe la conquista de Sevilla por Fernando III el Santo.

 

Fragmento de la obra

Égloga I

Argumento
Alción y Caustino, dos pastores cuyos nombres tienen alegórica significación. El Caustino era amado de una pastora llamada Cynthia. Alción, siendo su amigo, se aficionó della, y andando lamentándose de ver que lo trataba con menosprecio, entendido de Caustino, y hallándolo en sus lamentaciones quejándose de la esquiveza de Cynthia, haciendo burla de su ciega pasión, pasa con él el razonamiento que contiene, etc.

A don Antonio Manrique

Mi Musa ejercitada en las montañas,
entre riscos y árboles umbrosos,
oída de las fieras alimañas,
agradable a los Faunos amorosos,
quiere salir dejando las cabañas,
las dehesas y sotos deleitosos,
a los prados de Amor donde reparte
el fuego abrasador del fiero Marte,

y así mostrar el amoroso afeto,
la poderosa fuerza que conmueve
al más altivo pecho y más quieto
que cosas no esperadas tiente y pruebe;
en cuanto el ocio y el temor secreto
en que me tiene el Hado, que remueve
tantas causas de daño en daño mío,
sin dar jamás a su crueldad desvío,

quiere que ahora deste tiempo duro
reduzca un breve término a la pluma,
¡oh claro Don Antonio!, y que el seguro
temor espela y sosegar presuma,
porque el deseo y ánimo tan puro
que mueve a mi deseo no consuma
el voraz tiempo con oscuro olvido
siendo en Leteo a fuerza sumergido.

Por eso, gran señor, quitad de en medio
un solo punto el velador cuidado,
solicitando a vueltas el remedio
que el Cielo tanto tiempo me ha negado,
y del gobierno que es a tantos medio
os mostrad (a me oír) desocupado:
no porque el bajo acento lo merezca,
mas porque yendo a vos jamás perezca.

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