Todas las ideas y herramientas descritas en este Manifiesto tienen un único propósito: Dinamizar los procesos de edición.

Un corpus lingüístico 

El editor es el guardián de un archivo digital cuya extensión varía, por ello es preciso que sus documentos estén diseñados y programados para generar todos los nuevos formatos del mercado a partir de solo un documento fuente.

Nuestra idea de base es tratar el catálogo de Linkgua como un corpus lingüístico. Solo el procesamiento de miles de títulos bajo un mismo sistema de unificación textual, un mismo libro de estilo y unas mismas etiquetas semánticas puede satisfacer todos los resultados que perseguimos.

Linkgua no es solo un proyecto editorial en sentido estricto sino una base de datos que puede ser consumida también en forma de libros. La literatura clásica es perfecta para este experimento, podremos mejorar hasta el infinito el trabajo de unificación y etiquetaje semántico de nuestro catálogo.

La conversión debe ser un proceso automático, de modo que «digitalizar un catálogo» sea prepararlo para que esté disponible en su totalidad a los principales formatos (PDF, WebReady PDF, epub, mobi…).

 

El archivo «perfecto» del editor

Internamente, el archivo digital del editor (y sus metadatos) deberían permitirle:

1. Obtener automáticamente el número de páginas a partir de los documentos ya editados.

2. Poder abrir los documentos desde el listado digital de títulos de su catálogo.

3. Obtener las reseñas directamente desde las contratapas.

4. Generar automáticamente las portadas a partir de las hojas de estilo de autor, título, ISBN y logo, y calcular el ancho de lomo a partir del número de páginas del documento.

5. Inyectar tags (etiquetas) en los documentos, las imágenes de portada y los puntos de venta, introduciendo datos de contacto, de Copyright y enlaces a otros libros del catálogo o webs relevantes.

Como antes dijimos, los textos clásicos podrán ser asociados con notas críticas aportadas por otros editores y agregadores automáticos de contenidos (organizadas en un glosario), de manera que los lectores obtengan ediciones a la carta con notas a la medida de sus intereses. El aparato crítico de un libro y su bibliografía puede ser gestionado como una metadata independiente, intercambiable que se actualiza una y otra vez y que se ofrece a los lectores como un Glosario capaz de interactuar con los contenidos. Si consideramos que el catálogo es un corpus lingüístico podemos rastrear la expresión «molinos de viento» y asignarle una nota global. Es decir, utilizar «notas al pie» que sirvan para todo el catálogo y que vinculen de manera transversal el uso de una expresión a lo largo de los siglos.

 

Un futuro mediato

El catálogo perfecto para el lector debería permitirnos estar leyendo un libro impreso y consultar en nuestro teléfono una palabra incomprensible asociada a ese libro.

En el caso de los ebooks, podríamos encontrar una opción para acceder a todos los términos clave, los lugares geográficos que se citarán a continuación o la música relacionada, y el etc. podría ser muy largo.

Las obras citadas en la bibliografía tendrían enlaces indicando dónde podemos consultar o adquirir esas obras.

Los lectores podrían reconfigurar la información acerca de sus libros para que se adapten a sus propios intereses y esas modificaciones podrían a su vez interactuar con otros libros e intercambiar información. Una comunidad social se interesaría por la música citada en un libro dado, y añadiría a la «ficha original» anotaciones en esa dirección, mientras que otra podría estar interesada en las alusiones a la aeronáutica que dicho libro pudiese contener. Los lectores deberían poder personalizar estos contenidos de manera sencilla y rápida.

Estos catálogos personalizados y dinámicos podrían reorganizar, personalizar e interpretar como «gestores de búsqueda» la enorme cantidad de información que encontramos en internet.

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