A la entrada del príncipe de Gales en Madrid por marzo del año 1623

1.00

Book Information

Serie:Poesía 125
ISBN ebook:9788498169935
ISBN papel:9788498165470
Páginas:18
Portada:Anthony van Dyck: Charles I. Príncipe de Gales
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Descripción

El poema A la entrada del príncipe de Gales en Madrid por marzo del año 1623, de Antonio de Solís, es una loa a la visita del Príncipe de Gales a España en 1623. El viaje tuvo como propósito establecer una alianza mediante un matrimonio con la hija menor de Felipe III, la infanta María Ana. El enlace nunca se celebró. La corona española exigía la conversión del príncipe de Gales al catolicismo. A su regreso a Inglaterra, Carlos exigió al rey Jacobo que declarara la guerra contra España.
El viaje de Carlos a Madrid marcó su interés por el arte. Asimismo Felipe le regaló caballos de raza española, lo que contribuyó a que en Inglaterra surgiesen los purasangre.

 

Fragmento de la obra

I

Príamo joven de la gran Bretaña,
la que segunda Troya fue primero,
la que Neptuno sin sosiego baña,
la que tiene el Arturo por lucero,
¡salve, aplaudido de la grande España,
huésped augusto del mayor ibero!
¡vengas feliz a la española Corte
de los helados piélagos del norte!

II

Cuando el alto Ilión a las troyanas
reliquias se rindió en leños errantes,
y de sangre bañó las hondas canas,
debelando sus bárbaros gigantes;
próvidas las estrellas soberanas
te destinaron tantos siglos antes,
porque en ti renaciese al hemisferio
Héctor segundo, Fénix del Imperio.

III

Para triunfar, en Asia te previno
el cielo, cuando, a Palas obediente,
la fugitiva Troya abrió camino
en los undosos reinos de Occidente.
Este impulso secreto y peregrino
del Anglia te sacó, joven valiente,
a discurrir por climas, como Apolo,
en pardas nubes embozado y solo.

IV

Transcendiendo el valor de tus deseos,
la Galia (que llamaron Transalpina
los belgas penetraste, que trofeos
fueron a un tiempo a la ambición latina.
Quisieran al pasar, los Pirineos,
inundarse otra vez de plata fina;
que a suspender tu curso no se atreve
promontorio de fuego ni de nieve.

V

Competidor del Sol, de zona en zona,
iniciaste su raro movimiento,
mostrando infatigable tu persona,
en alas de tu mismo pensamiento,
hasta ver el león, cuya corona
más que imagen será del firmamento.
¿Quién duda que a Filipo saludaste
cuando la luz del Héspero miraste?