Amado y aborrecido

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 11
ISBN ebook:9788498971040
ISBN papel:9788498163933
Páginas:170
Portada:Eugène Cicéri: Diseño de escenario. Ópera de París
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Descripción

Amado y aborrecido. Pedro Calderón de la Barca

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

Salen por una parte Dante, y por otra Aurelio

Aurelio: ¿Dónde queda el rey?

Dante: Detrás
de esos ribazos le dejo,
en el alcance empeñado
de un jabalí, cuyo riesgo
veloz Aminta su hermana
sigue también.

Aurelio: Según eso,
ocasión será de que
concluyamos nuestro duelo,
con la novedad que está
citado.

Dante: Para ese efecto
esperando estaba a vista
de este edificio soberbio.

Aurelio: Pues llegad; solos estamos.

Dante: ¡Ah del soberano centro
donde aprisionada vive
toda la región del fuego!

Aurelio: ¡Ah de la divina esfera
del Sol más hermoso y bello
que, a pesar de opuestas nubes,
abrasa con sus reflejos!

Dante: ¡Ah del alcázar de amor!

Aurelio: ¡Ah del abismo de celos!

Dante: ¡Patria de la ingratitud!

Aurelio: ¡Monarquía del desprecio!

Aurelio y Dante: ¡Ah de la torre!

(En lo alto salen Nise y Flora.)

Flora y Nise: ¿Quién llama…

Nise: …tan sin temor…

Flora: …tan sin miedo
a estos umbrales?

Dante: Decid
a vuestro divino dueño…

Aurelio: Decid a la soberana
deidad de ese humano templo…

Dante: …que a ese mirador se ponga.

Aurelio: …que salga a esa almena.

Irene: ¡Cielos!
¿Quién para tanta osadía
ha tenido atrevimiento?
¿Quién aquí da voces?

Aurelio y Dante: Yo.

Irene: Ya con dos causas, no menos
que antes extrañé el oíros,
habré de extrañar el veros,
no tanto porque del rey
atropelléis los decretos,
no tanto porque de mí
aventuréis el respeto,
rompiendo el coto a la línea
de mi espíritu soberbio,
cuanto porque acrisoléis
la ingratitud de mi pecho,
que a par de los dioses juzga
lograr mármoles eternos.
Si de por sí cada uno,
aun en callados afectos
que apenas a estos umbrales
llegaron, cuando volvieron
castigados y no oídos,
examinó mis desprecios,
¿qué hará, unido de los dos,
ahora el atrevimiento?
¿Qué pretendéis? ¿Qué intentáis?
Y ¿con qué efecto, en efecto,
llegáis aquí? ¿Para qué
me dais voces?

Aurelio y Dante: Para esto.

(Sacan las espadas.)

Aurelio: Que si de ambos ofendida
estás, ambos pretendemos,
con librarte de una ofensa,
ganar un merecimiento.

Dante: Y porque de su valor
quede el otro satisfecho,
queremos que seas testigo
tú misma de nuestro esfuerzo.

Aurelio: Ya partido el Sol está,
pues el Sol nos está viendo.

Dante: Yo, porque no esté partido,
lidiaré por verle entero.

(Riñen.)

Irene: Tened, tened las espadas;
templad los rayos de acero;
mirad que aun el vencedor
la esgrime contra sí mesmo,
pues no es menor el peligro
de vivir que quedar muerto.

Edición de referencia: Madrid, por Andrés García de la Iglesia, a costa de Iuan de S. Vicente …, 1657