Amazonas en las Indias

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 226
ISBN ebook:9788498971088
ISBN papel:9788496290044
Páginas:118
Portada:La expedición de Francisco de Orellana construyendo un barco
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Descripción

Amazonas en las Indias es una extraña pieza inspirada en la conquista y evangelización de los indígenas de América. Pertenece a la trilogía dedicada a la familia Pizarro que comprende las piezas: Todo es dar una cosa (sobre Francisco), Amazonas en las Indias (sobre Gonzalo) y La lealtad contra la envidia (sobre Hernando). Tirso de Molina vivió algún tiempo en la Hispaniola (actual República Dominicana) y regresó a España en 1618. Su estancia en América inspiró esta serie de obras sobre los conquistadores.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Tocan a guerra y salen peleando Menalipe, Martesia y otras Amazonas; la primera con hacha de armas, la otra con un bastón y todas con arcos y aljabas de flechas a las espaldas, y contra ellas españoles bizarros, entre los cuales salen Francisco Caravajal y Gonzalo Pizarro; llena éste la rodela de flechas, y retirando a Menalipe, sin sacar la espada, van peleando entrando y saliendo, hasta que quedan solos don Gonzalo y Menalipe.)

Menalipe: Matadme estas arpías
que con presencia humana,
el privilegio a nuestra patria quiebran,
no pierdan nuestros días
la integridad antigua, aunque inhumana,
que ilustran tantos siglos y celebran.
No estas arenas pisen
plantas lascivas de hombres,
que oscureciendo nuestros castos nombres,
cobardes por el mundo nos avisen
que no sabemos abatir coronas.
¡A ellos, invencibles amazonas!

Martesia: ¿Qué importa el animarnos?
¿El dar voces, qué importa,
si en ellos ni el hacha de armas corta,
ni las flechas victoria pueden darnos?
Pues con poblar esas regiones sumas
—temblando el Sol de verlas—
el ánimo perdernos con perderlas
y adornando sus galas,
en vez de darles muerte les dan alas.

Gonzalo: ¡Oh, región belicosa!
¡Oh, Sol, que en el ocaso donde mueres,
por guarda de tu pira luminosa
influyes tal valor en las mujeres!
¿Qué prodigio, qué encanto
en pechos femeniles puede tanto?
Las fábulas que en Grecia
Alejandro —por ser de Homero— precia,
a Palas eternizan,
a Tomiris pirámides levantan
y a la madre de Nino solemnizan,
mienten —por más que sus historias cantan—
si con éstas se atreven
a competir —por más valor que prueben—.
¡Que en los límites últimos del orbe,
armada la hermosura
nuestro valor estorbe,
y en trance de tan bélica fortuna
nos ponga una república, que, sola
sin admitir varones,
forma del sexo frágil escuadrones
y se atreve a sacar sangre española!
Aquí naturaleza
el orden ha alterado,
que por el orbe todo ha conservado,
pues las hazañas junta a la belleza.
¡Vive, pues, mi valor el cielo vive,
que, aunque a sus manos muera,
no he de sacar la espada que apercibe
a la infamia, ocasión si sale fuera
y en sangre femenil su temple esmalta;
supla el esfuerzo, si el acero falta!

Menalipe: Hombre, ¿por qué no miras
mortales amenazas de mis iras?
¿Por qué si te defiendes,
la espada ociosa, mi valor ofendes?
A furia me provoco,
o me tienes en poco
o ya desesperado
a mis manos morir quieres honrado.

Gonzalo: Armigera Belona,
los que nacieron como yo al respeto
que la fama corona
obligados, y estiman el concepto
en que el valor los pone,
adoran las bellezas;
y por más que ocasione
el peligro su enojo, las noblezas
en defender las damas se ejercitan
y en fe de esto su amparo solicitan.
Amarlas y servirlas
es solo mi blasón, pero no herirlas.