Aura Blanca

1.00

Book Information

Serie:Narrativa 105
ISBN ebook:9788498978063
ISBN papel:9788498166576
Páginas:18
Portada:Frederick Glasier: Retrato de Loïe Fuller
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Descripción

Aura Blanca refiere una leyenda camagüeyana (provincia cubana en que nació Gertrudis Gómez de Avellaneda) inspirada en un sucedido popular acontecido en el siglo XIX.

 

Fragmento de la obra

En el suelo, para mí querido, que riega el umbroso Tínima con sus cristales sonoros; en aquellas fértiles llanuras que señalan el centro de la Antilla reina, y en la que se asienta la noble ciudad de Puerto Príncipe, que plugo al cielo destinarme por patria, vivía en los ya remotos tiempos de mi infancia un venerable religioso de la orden de San Francisco, a quien el vulgo llamaba comúnmente Padre Valencia por la circunstancia de saberse había nacido a las orillas del Turia.
Gozaba aquel varón de general cariño en el país, y nada, a la verdad, era más justo; pues en los muchos años que había pasado en él, no hubo, sin duda, un día siquiera en que no derramase a manos llenas sus servicios y bendiciones entre sus moradores.
Si se alteraban en alguna familia la paz y concordia doméstica, allí aparecía, como llevado por la mano de Dios, el respetado Padre Valencia, y los sabios consejos, las paternales exhortaciones, las afectuosas súplicas pronunciadas por aquella voz llena de dulzura, restablecían sin tardanza la tranquilidad y la armonía.
Si opuestos intereses o encontradas opiniones suscitaban enemistades sangrientas entre algunos vecinos, amagando rencores y venganzas, el pacífico padre Valencia se presentaba al punto como mediador en la contienda, y la poderosa influencia de aquel espíritu evangélico, conciliador y amoroso, dominaba, como por encanto, las iracundas pasiones, y hacía encontrar medios de transacción y avenencia.
Si escandalosos desórdenes de algún pecado público sublevaban las conciencias timoratas, poniendo acaso en peligro la conservación de las buenas costumbres, el padre Valencia hallaba pronto delicados e ingeniosos medios de ponerse en amistosa comunicación con el causante del daño, y jamás pasaba mucho tiempo sin que, al contacto de aquella vida purísima, se viese trocado el libertinaje en ejercicio de austera penitencia.
Si ocurría en nobles o plebeyos, en ricos o pobres, alguna pérdida irremediable, algún infortunio acerbo, nunca dilataba el padre Valencia el ir a mezclar sus lágrimas con las que derramaban los pacientes, y el bálsamo de sus palabras consoladoras cicatrizaban eficazmente las heridas crueles del corazón.
En una palabra, aquel hombre y humilde fraile había llegado a ser la visible providencia de todo el pueblo, donde ningún conflicto, público o privado, dejaba de buscar y de encontrar remedio, o alivio por lo menos, en la inmensa ternura de su caridad cristiana.