Autobiografía de Ignacio de Loyola

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Ficha bibliográfica

Serie:Religión 25
ISBN ebook:9788498978049
ISBN papel:9788498166729
Páginas:58
Portada:Ignacio con armadura
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Descripción

Aunque el original de esta Autobiografía de Ignacio de Loyola quedó archivado durante 150 años, esta obra constituye una pieza importante para entender los Ejercicios espirituales. El fundador de la Compañía de Jesús le dictó esta Autobiografía a su secretario, el padre Gonçalves de Câmara, entre 1553  y 1555. En su Autobiografía, Ignacio de Loyola explica el origen de su devoción y cómo se fue afianzando cuando una herida de guerra, que por poco no pone fin a su vida, lo obligó a permanecer postrado durante un prolongado periodo y le dio ocasión de leer y meditar sobre dos libros que cambiarían por completo su existencia: «Vita Christi y un libro de la vida de los Santos en romance» (La vida de Cristo del cartujo Ludolfo de Sajonia y el Flos Sanctorum).

 

Fragmento de la obra

Capítulo I
1. Hasta los veintiséis años de su edad fue hombre dado a las vanidades del mundo y principalmente se deleitaba en ejercicio de armas con un grande y vano deseo de ganar honra. Y así, estando en una fortaleza que los franceses combatían, y siendo todos de parecer que se diesen, salvas las vidas, por ver claramente que no se podían defender, él dio tantas razones al alcaide, que todavía lo persuadió a defenderse, aunque contra parecer de todos los caballeros, los cuales se conhortaban con su ánimo y esfuerzo. Y venido el día que se esperaba la batería, él se confesó con uno de aquellos sus compañeros en las armas; y después de durar un buen rato la batería, le acertó a él una bombarda en una pierna, quebrándosela toda; y porque la pelota pasó por entrambas las piernas, también la otra fue mal herida.

2. Y así, cayendo él, los de la fortaleza se rindieron luego a los franceses, los cuales, después de se haber apoderado della, trataron muy bien al herido, tratándolo cortés y amigablemente. Y después de haber estado doce o quince días en Pamplona, lo llevaron en una litera a su tierra; en la cual hallándose muy mal, y llamando todos los médicos y cirujanos de muchas partes, juzgaron que la pierna se debía otra vez desconcertar, y ponerse otra vez los huesos en sus lugares, diciendo que por haber sido mal puestos la otra vez, o por se haber desconcertado en el camino, estaban fuera de sus lugares, y así no podía sanar. E hízose de nuevo esta carnicería; en la cual, así como en todas las otras que antes había pasado y después pasó, nunca habló palabra, ni mostró otra señal de dolor, que apretar mucho los puños.