Aventuras del bachiller Trapaza

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 61
ISBN ebook:9788498971286
ISBN papel:9788498165920
Páginas:202
Portada:Diego Rodríguez de Silva y Velázquez: El almuerzo
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Descripción

En Aventuras del bachiller Trapaza (1637), Castillo Solórzano narra las andanzas de Hernando o Fernando, estudiante en Alcalá, pícaro en Andalucía, estafador itinerante y galeote al final, traicionado por su amada Estefanía.

 

Fragmento de la obra

Tiene la ilustre y antigua ciudad de Segovia entre los lugares de su dilatada jurisdición, al de Zamarramala, que dista media legua della; lugar muy conocido por las buenas natas que en él se hacen, conque adquiere por este regalo fama en las dos Castillas. Ésta fue patria del ridículo asunto deste libro, del héroe jocoso desta breve historia y del más solemne embustero que han conocido los hombres.
Para comenzar por su origen, a fuer de legal coronista y fiel escritor (porque no es razón que se callen los padres de tan memorable sujeto), tuvo este principio.
A la fama de lo bien que se labran los paños en Segovia (de cuyo trato hay ríquísimos mercaderes), acuden oficiales (necesarios para esto) de todas partes, entre los cuales vino de Tierra de Campos un pelaire, cuyo nombre era Pedro de la Trampa, mozo brioso, alentado, y que sabía tan bien jugar diestramente la espada y daga los días de fiesta como las dos cardas los de trabajo. En pocos días, dando muestras de su aliento y de su buen humor (que le tenía extremado), ganó las voluntades de muchos de su oficio, que se congregaban en la casa de un rico mercader. Era el gallo entre todos, el que componía las pendencias, el que como a oráculo era obedecido, de manera que así por esto como por lo bien cuidadosamente que asistía a trabajar, que era lo más importante, el mercader le estimaba y hacía de él más confianza que de todos, de modo que le hizo su capataz.
Entre las labradoras que acuden a Segovia de sus aldeas circunvecinas a vender lo que en ellas cultivan o crían para el regalo de los de la ciudad y provecho suyo, acudía los más de los días a casa del mercader Olalla una labradora de Zamarramala con frescas natas que traía a vender. Era la moza rolliza de carnes, alta de cuerpo, buena cara, y, sobre todo, mujer muy jovial y de más despejo que de aldea. Pasaba a la casa deste mercader, por donde los oficiales trabajaban en sus paños, y quien más solemnizaba su brío, su donaire y las partes de la moza, era nuestro Pedro de la Trampa, diciendo della muchas alabanzas, victoreándola con grandes voces, a cuya imitación todos sus compañeros hacían lo mismo.