Averígüelo Vargas

3.00

Book Information

Serie:Teatro 230
ISBN ebook:9788498971293
ISBN papel:9788498164855
Páginas:160
Portada:Retrato Isabel la Católica
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Descripción

La expresión Averígüelo Vargas se dice cuando es muy difícil conocer algo, su origen proviene de que la reina Isabel la Católica escribía esta frase en los informes refiriéndose a su alcalde don Francisco de Vargas. Con esta frase como telón de fondo Tirso de Molina construye una historia ambientada en un mundo cortesano.
Francisco de Vargas era un personaje muy famoso en la corte de los Reyes Católicos. Era el encargado de enterarse e informar a la reina Isabel de todo lo que sucedía en la corte y de las quejas o pretensiones de los cortesanos. La frase, incluso, llegó a figurar como fórmula hecha en los decretos reales, cuando se encargaba a don Francisco alguna misión.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Por un lado don Alfonso [de Abrantes], Sancha y Ramiro. Por otro don Pedro, doña Felipa, doña Inés, y acompañamiento, en traje de camino.)

Alfonso: Vuestra alteza, gran señor,
sea mil veces bien venido
a esta casa.

Pedro: ¡Oh gran prior,
levantaos! Que ya lo he sido,
pues sale vuestro valor
a recebirme hasta aquí.
Levantaos, no estéis ansí;
cubrid la noble cabeza.

Alfonso: Déme los pies vuestra alteza.

Felipa: Los brazos primero os di,
gran don Alfonso de Abrantes;
que los merecéis mejor.

Alfonso: Si con premios semejantes
vuestra grandeza y valor
hace méritos gigantes
que han sido hasta aquí pigmeos,
alentará mis deseos
de modo que mi vejez
vuelva a su abril otra vez,
rica con tantos trofeos.

Felipa: Como a mi pariente os trato
y como a prior de Ocrato,
gloria de la cruz de Rodas,
luz de las hazañas todas.

Alfonso: Si no corta el tiempo ingrato
el hilo a mis pensamientos,
pagarán este favor
—aunque mis merecimientos
no igualen a su valor—
nobles agradecimientos
de un pecho por vos honrado.
Pero no me había acordado
de daros el parabién
del cargo, señor, que ven
estos reinos empleado
tan bien en vos. Largos años
gobernéis esta corona,
porque restauréis los daños
que la desdicha pregona
de sucesos tan extraños.