Cartas de Pedro de Valdivia

3.00

Número de serie:Historia 402
ISBN ebook:9788498970241
ISBN papel:9788498165586
Número de páginas:140
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Descripción

La presente antología de Cartas de Pedro de Valdivia contiene epístolas escritas entre 1545 y 1552, dirigidas, entre otros, a Gonzalo Pizarro y al emperador Carlos V. Resultan interesantes además las alusiones a las fuentes financieras de la expedición y a sus expectativas políticas. En 1539, tras obtener de Francisco Pizarro el título de teniente gobernador de Chile, Valdivia inició los preparativos de la expedición que partió de Cuzco a mediados de enero de 1540 así se iniciaba su vida como aventurero.

 

Fragmento de la obra

Gonzalo Pizarro
Santiago 20 de agosto de 1545
Magnífico señor: La carta de vuestra merced escrita en Lima a los 14 de marzo del año pasado de 1543, recibí, que me trajo Gaspar Orense. Las manos de vuestra merced beso por lo que dice haberse holgado de mi saluda de verme enviar por gente, que es señal he topado contento de ella; así es en verdad y, nunca tuve menos según con la voluntad con que me hizo la merced el Marqués, mi señor, que haya gloria; y así sentí la pérdida de vuestra merced y mal suceso de su descubrimiento; y pues vuestra merced tiene salud, por ella doy muchas gracias a Dios, que la hacienda, como vuestra merced dice, Él la da cuando es servido, y hace al contrario de ella.
De la muerte del Marqués, mi señor, no hay que decir sino que la sentí muy dentro del ánima y cada vez, que me acuerdo, lloro con el corazón lágrimas de sangre, y tengo una pena que mientras viviere, durará por no me poder haber hallado a la satisfacción de la venganza, y por lo mismo tengo la habrá sentido y sentirá vuestra merced al doblo: y pues tal sentencia estaría de Dios pronunciado, démosle gracias por ello, y a todos los deudos, criados y servidores de su Señoría nos es gran consuelo saber que fue martirizado por servir a su Majestad, a manos de sus deservidores, y que la fama de sus hazañas hechas en acrecentamiento de su Real patrimonio y cesárea autoridad vive y vivirá en la memoria de los presentes y por venir, y saber que su muerte fue tan bien vengada por el ilustre señor Gobernador Vaca de Castro, cuanto lo fue por Otaviano la de Julio César. Y dejado aparte que por el valor de su Señoría obliga a todos a tenerle por señor y padre, por la merced tan grande que en ello se nos hizo, hemos de servirle con las haciendas y vidas en tanto que duraren, hasta aventurarlas y perderlas, si fuere menester, en su servicio como yo lo haré siempre, aunque en ello aventuramos antes a ganarlas, y lo mismo escribo al señor Hernando Pizarro, dándole larga cuenta de lo por mí pasado después que de su merced me partí, porque sé que se holgará.