Cecilia Valdés

3.00

Número de serie:Narrativa 288
ISBN ebook:9788498168976
ISBN papel:9788496290501
Número de páginas:518
Edición a cargo de:Esteban Rodríguez Herrera
Prólogo de:Gertrudis Gómez de Avellaneda
Edición anotada por:Antonio Tudisco y Olga Blondet Tudisco
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Descripción

Cecilia Valdés, de Cirilo Villaverde, es la más importante novela cubana del siglo XIX, una especie de tragedia del mestizaje imprescindible en una reflexión sobre los conflictos étnicos de la nación cubana. Es también un relato de la seducción y de cómo es practicada en diferentes culturas. El texto está lleno de comentarios sobre los diferentes tipos sociales y los órdenes económicos y religiosos de la época.
La presente edición contiene las notas de Antonio Tudisco y Olga Blondet Tudisco actualizadas.

 

Fragmento de la obra

Hacia el oscurecer de un día de noviembre del año de 1812, seguía la calle de Compostela en dirección del norte de la ciudad, una calesa tirada por un par de mulas, en una de las cuales, como era de costumbre, cabalgaba el calesero negro. El traje de éste, las guarniciones de aquéllas y los ornamentos de plata maciza, mostraban a las claras que era rica la persona a que pertenecía tan lujoso equipaje. Prendida estaba de los calamones, no solo por el frente, sino también por un costado y hasta la mitad del otro, —la cortina o capacete de paño con banda de vaqueta. Sea el que fuese quien ocupaba el carruaje a la sazón, no puede negarse que tenía interés en guardar la incógnita, aunque parecía excusada la precaución, por cuanto no había alma viviente en las calles, ni se divisaba otra luz que la de las estrellas, o la artificial de algunas casas que se escapaba por las anchas rendijas de las puertas cerradas.
Pararon de repente las mulas al trote en la esquina del callejón de San Juan de Dios y salió a espacio y con no poco trabajo de la calesa un caballero alto, bien puesto, vestido de frac negro abotonado hasta el cuello, dejando ver por debajo el chaleco o chupa de color claro, pantalones de carranclán de pie, corbatín de cerda y sombrero de castor con copa enorme y ala angosta. Por lo que podía distinguirse en aquella media luz de las estrellas, las facciones más notables del hombre eran la nariz, que tenía aguileña, los ojos bastante vivos, el rostro ovalado y la barba pequeña. El color de ésta y el del cabello, las sombras del sombrero y de las paredes alterosas del convento vecino, lo oscurecían tal vez sin ser negro.

 

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