Código Negro

1.00

Número de serie: Leyes 96
ISBN ebook: 9788499539034
ISBN papel: 9788499537511
Portada: Documento original del Código Negro
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Descripción

Se llamó Código Negro a un conjunto de medidas de castigo para las personas de raza negra emitidas temporalmente en situaciones de emergencia. Los Códigos Negros se aplicaron en las colonias españolas. El presente fue promulgado en Puerto Rico, por Juan Prim, entonces gobernador de la isla. Este Código Negro pretendió prevenir la rebeliones de esclavos.

 

Fragmento de la obra

El “Bando Negro” o “Código Negro”. Mayo 31 de 1848.
Gaceta del Gobierno de Puerto Rico. Núm. 67. Junio 3 de 1848.

Preliminar al bando
HABITANTES DE LA ISLA DE PUERTO RICO: Por la goleta francesa Argos, que procedente de Martinica, ha fondeado hoy en el puerto de esta Capital, han llegado a mi noticia los gravísimos acontecimientos ocurridos en las Colonias de Franceses de la Martinica y de la Guadalupe, a consecuencia de los últimos decretos del Gobierno provisional de dicha nación, sobre la emancipación de los esclavos de sus Colonias.
Los infelices emigrados conducidos por el expresado buque, que abandonando sus familias e intereses vienen a esta Isla a buscar la seguridad y protección que no han podido encontrar en su país, son el testimonio más evidente del estado lamentable en que se ven aquellas Colonias, y de la ferocidad estúpida de la raza africana, que no sabiendo ni pudiendo apreciar la gracia que su gobierno les ha concedido, muestra su reconocimiento entregándose a los sentimientos que les son naturales; el incendio, el asesinato y la destrucción. Felizmente se halla esta Isla en circunstancias muy diversas por todos conceptos; mas como la noticia del arribo del expresado buque habrá circulado por esta Capital y pronto se difundirá por toda la Isla, con las ampliaciones y comentarios exagerados, que son consiguientes en tales casos, deber mío es persuadiros a que desechéis los temores que semejante noticia pueda infundir en nuestros ánimos, y aseguraros que vuestro Capitan General vela constantemente por el sostenimiento del orden y tranquilidad del territorio que la Reina Nuestra Señora (Q. D. G.) se dignó confiarle así como por la seguridad de vuestras personas e intereses.
Con este objeto, y por si acaso se propagasen a las islas Danesas de Santa Cruz y St Thomas, algunas chispas del incendio que devora a las francesas; he dispuesto parta hoy mismo uno de mis Ayudantes de Campo a ofrecer en mi nombre al Gobernador general de ellas los eficaces auxilios de fuerza armada de que pudiere necesitar en tan desgraciado evento, para exterminar los malvados que intentasen la ruina de aquellas posesiones. Habitantes de Puerto Rico, estad tranquilos, confiad en la bizarría de los soldados españoles y en el valor de vuestro Capitán General.

Puerto Rico, 31 de Mayo de 1848
El Conde de Reus

DON JUAN PRIM, PRIMER CONDE DE REUS,
Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando, condecorado con otras varias por acciones de guerra, mariscal de campo de los Reales Ejércitos, Gobernador, Capitán General, Jefe superior Político, Presidente de la Real Audiencia Territorial de la Isla de Puerto Rico, del Excelentísimo Ayuntamiento de su capital, y de la Asamblea Provincial de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, Viceprotector de la Sociedad Económica de Amigos del País, Subdelegados de Correos, y Vicepatrono Real de la propia Isla.
Las críticas circunstancias de los tiempos y la situación aflictiva en que se hallan casi todos los países inmediatos a esta Isla; unos trabajados por la guerra civil a causa de sus instituciones, y otros por una lucha de exterminio entre las razas, me obligan a dictar medidas eficaces para prevenir que se introduzcan en nuestro suelo pacífico y leal estas calamidades que afligen a nuestros vecinos y que con toda sinceridad lamentamos, así como a establecer penas para castigar pronta y severamente los delitos que en el propio sentido pudieran cometerse entre nosotros. Al efecto, y usando de los extraordinarios poderes con que S. M. la Reina Nuestra Señora (Q. D. G.) se ha dignado autorizarme para cuando la seguridad del territorio o de sus pacíficos habitantes lo reclamare, he venido en decretar lo siguiente:
Artículo 1.° Los delitos de cualquiera especie que desde la publicación de este Bando cometan los individuos de raza africana residentes en la Isla, sean libres o esclavos, serán juzgados y penados militarmente por un Consejo de guerra que esta Capitanía general nombrará para los casos que ocurran, con absoluta inhibición de cualquier otro Tribunal.
Art. 2.° Todo individuo de raza africana, sea libre o esclavo, que hiciere armas contra los blancos, justificada que sea la agresión, será, si fuese esclavo, pasado por las armas, y si libre, se le cortará la mano derecha por el verdugo; pero si resultare herida será pasado por las armas.
Art. 3.° Si un individuo de raza africana, sea esclavo o libre, insultare de palabra, maltratare o amenazare con palo, piedra o en otra forma que convenza su ánimo deliberado de ofender a la gente blanca en su persona, será el agresor condenado a cinco años de presidio si fuere esclavo, y si libre, a la pena que a las circunstancias del hecho corresponda, previa justificación de él.
Art. 4.° Los dueños de los esclavos quedan autorizados en virtud de este Bando para corregir y castigar a estos por las faltas leves que cometieren, sin que funcionario alguno, sea militar o civil, se entrometa a conocer del hecho, porque solo a mi Autoridad competirá en caso necesario juzgar la conducta de los señores respecto de sus esclavos.
Art. 5.° Si aunque no es de esperar, algún esclavo se sublevare contra su señor y dueño, queda este facultado para dar muerte en el acto a aquel, a fin de evitar con este castigo pronto e imponente que los demás sigan el ejemplo.
Art. 6.° A los Comandantes militares de los ocho Departamento de la Isla, corresponderá formar las primeras diligencias para averiguar los delitos que cometan los individuos de raza africana contra la seguridad pública o contra las personas y las cosas; procurando que el procedimiento sea tan sumario y breve que jamás exceda del improrrogable término de veinticuatro horas. Instruido el sumario, lo dirigirán a mi Autoridad por el inmediato correo, a fin de dictar en su vista sentencia que corresponda con el tenor de las penas establecidas en este Bando.
Y para que llegue a noticia de todos los habitantes, y nadie pueda alegar ignorancia, he resuelto que se publique por Bando en esta Capital, que se fije en los parajes públicos de ella y de los demás pueblos de la Isla, y que además se inserte en la Gaceta de Gobierno para que se cumpla en todas sus partes y no se contravenga en manera alguna.

Puerto Rico, 31 de mayo de 1848.
El Conde de Reus
José Estevan, secretario

Código Negro

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