Contestación a varios artículos sobre la Isla de Cuba publicados en el Diario de Barcelona

3.00

Número de serie: Historia 273
ISBN ebook: 9788499539652
ISBN papel: 9788499535371
Páginas: 70
Portada: Diario de Barcelona
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Descripción

Contestación a varios artículos sobre la Isla de Cuba publicados en el Diario de BarcelonaFrancisco de Frías y Jacott

 

Fragmento de la obra

Publicados en el Diario de Barcelona en los meses de junio y en julio 1859

Por un cubano

París
Imprenta de D’Aubusson y Kugelmann
Calle de la Grange-Bateliere, 13

1859

Ha visto la luz pública en el Diario de Barcelona una serie de artículos con diversos encabezamientos, pero encaminados todos a tratar de la situación y del gobierno de la Isla de Cuba. Fueron inspirados, a lo que parece, estos trabajos por la aparición de un folleto en lengua francesa con el título de: La Cuestión de Cuba, que no ha muchos meses se publicó en esta capital.
Nosotros que ninguna parte tuvimos en la redacción de ese folleto, que no estamos conformes con algunos de los puntos de vista, ni con ciertas tendencias que en él se manifiestan, no hemos podido ver con indiferencia la manera brutal y la insigne mala fe con que de él se da cuenta en las columnas del diario barcelonés, ni menos aun sufrir en silencio los ataques con que allí se pretende vulnerar la santa causa de un pueblo esclavizado que aspira a romper sus cadenas. Venimos, pues, a rechazar en nombre de éste insultos y agresiones, y si nuestro lenguaje pareciere severo en demasía, téngase presente que la honra y dignidad de un pueblo escarnecido no tienen fueros ningunos que guardar a la personalidad de quien así le ultraja y hiere en lo más vivo de sus sentimientos.
El señor E. Reynals y Rabassa que firma esos escritos es un abogado ilustrado y liberal de Barcelona, según se nos ha escrito. También es catedrático de derecho en la Universidad y secretario del Ayuntamiento de esa ciudad. Cómo se sostengan estos títulos y aquellas calificaciones lo vamos a ver en el curso de esta contestación, que naturalmente deberá resentirse de falta de trabazón y de plan lógico, como que ni plan lógico ni trabazón se advierte en los artículos que nos proponemos combatir. Y si fuera esto solo, si no tuviéramos que señalar infinitas contradicciones en esos artículos, suposiciones y falsedades en que abundan, nuestra tarea, si bien ingrata por lo desordenada e incorrecta que tiene por fuerza que ser, fuera a lo menos corta y más concluyente.
Pero tiempo es ya de entrar en materia afirmando y probando, para no seguir el ejemplo de quien rehuye las pruebas a la vez que se complace en las afirmaciones. Veamos el primer artículo del señor Reynals que lleva por epígrafe: La Isla de Cuba.

I
Empieza el escritor diciendo «que la cuestión de Italia y las complicaciones que en lontananza ven algunos le recuerdan un compromiso que tiene pendiente con sus lectores». Este compromiso es «el de emitir su juicio sobre la Isla de Cuba».
Muy loable es sin disputa alguna esto de satisfacer los compromisos contraídos, pero es el caso que el señor Reynals promete ahora de nuevo y tampoco cumple, pues que después de algunas consideraciones introductorias se lanza a dar cuenta del folleto: La Cuestión de Cuba, que de todo tendrá menos el juicio del señor Reynals sobre la Isla de Cuba.
Verdad es que esto puede explicarse por el temor que, según el dicho del señor Reynals, le había arredrado hasta ahora, «el de no acertar a decir sino lo justo y lo conveniente». Permítanos el escritor catalán que le señalemos la anfibología en que incurre al expresarse así, dando lugar a que se crea que el señor Reynals había callado hasta ahora por temor de encerrarse dentro de los límites «de lo justo y de lo conveniente», y que rompió el silencio tan luego como consideró que podía y debía salvar esas barreras. Nosotros esperamos demostrarle que no solo se extralimitó de lo justo y de lo conveniente, sino que se metió de lleno en el campo de lo contradictorio y de lo absurdo.
Hechas estas salvedades, y al señor Reynals «no le gusta hacerlas sino cumplirlas», (¡entienda esto quien pudiere!) nos dice el escritor «que cada vez que surge una cuestión europea o que se trata de dar a las nacionalidades naturales la forma jurídica que les corresponde, como en la guerra que ensangrienta los campos de Italia; ya se hable de derecho natural constituido, ya de derecho internacional constituyente, se vuelve instintivamente los ojos a la Isla de Cuba, &c., &c». ¿Cómo así, señor catedrático de derecho? Pues ¿no es usted quién va a decir luego y repetir a saciedad en todos sus artículos que no hay paridad ninguna que establecer entre la cuestión italiana y la cuestión cubana; que en aquélla hay nacionalidad y que ésta no la tiene; que los congresos y arreglos internacionales nada tienen que hacer con referencia a la Isla de Cuba, propiedad legítima y soberana de España; que toda analogía cesa cuando se quiere comparar la una cuestión con la otra? O nosotros somos unos topos, o de estas afirmaciones se desprende necesariamente una de dos cosas: o que cuando de Italia, de nacionalidades y de intervenciones diplomáticas se trata no hay motivo alguno «para que los ojos se vuelven instintivamente a Cuba», o que si se vuelven a nuestro pesar es porque existe la paridad o la analogía que con tanto empeño niega el señor Reynals. Salga si puede el escritor de este dilema en que él mismo se ha encerrado.
Entra luego en materia el articulista diciendo «que en el diluvio de folletos sobre varias cuestionas internacionales que ha descargado en París antes y después de haber estallado la guerra, han querido también terciar las plumas criollas, que han publicado un folleto con el título de: La Cuestión de Cuba, para denunciar a la Europa que allí en la Isla de Cuba hay unos cuantos blancos criollos que no tienen participación en la formación de las leyes que los gobiernan; que hay una raza negra opuesta a ellos y que están los susodichos blancos dispuestos a unirse a los Estados Unidos a fin de libertarse del yugo de los españoles».

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