Costumbristas cubanos del siglo XIX

Ficha bibliográfica

Serie:Historia 436
ISBN ebook:9788490074152
ISBN papel:9788490071304
Páginas:572
Portada:Pierre Toussaint Frédéric Mialhe: El quitrín
Prólogo de:Salvador Bueno
Notas de:Autores varios
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Descripción

Los Costumbristas cubanos del siglo XIX escribieron bajo la influencia de Mariano José de Larra y Ramón de Mesonero Romanos. Sus obras estuvieron entre las primeras expresiones nacionales de la isla. Aunque el costumbrismo tuvo signos variados y opuestos: progresista o conservador, irónico y sarcástico, incluso amable, sus rasgos distintivos son la crítica de las costumbres, el afán moralizador, y el humorismo.
Esta antología de Costumbristas cubanos del siglo XIX, prologada por Salvador Bueno, recoge textos publicados en la prensa cubana de la época por los siguientes autores:

Buenaventura Pascual Ferrer
Gaspar Betancourt Cisneros
José María de Cárdenas
Antonio Bachiller y Morales
Francisco Baralt
José Joaquín Hernández
Cirilo Villaverde
Manuel Costales y Govantes
Licenciado Vidrieras
José Victoriano Betancourt
Anselmo Suárez y Romero
Luis Victoriano Betancourt
Enrique Fernández Carrillo
José Agustín Millán
Carlos Noreña
José Quintín Suzarte
José E. Triay
Francisco Valerio Bobos
Francisco de Paula Gelabert
Julián del Casal
Ramón Meza

 

Fragmento de la obra

Prólogo

El costumbrismo constituye una peculiar manifestación literaria que resal­ta en las letras españolas e hispanoamericanas del siglo XIX. Los cuadros de costumbres que a lo largo de dicha centuria aparecen en periódicos, revistas, folletos y libros de los países de lengua castellana, expresan los modos de vida y la psicología social de estos pueblos. Resulta una modalidad que no se ca­racteriza por sus sobresalientes méritos estilísticos, por su cabal calidad litera­ria, aunque posee suficiente atracción por su abundante y pintoresca muestra de tipos y costumbres propias de cada una de las naciones hispanohablantes.
«Aún en los críticos reina extraña confusión sobre la índole y límites de este modo de escribir [el género de costumbres], relativamente moderno», explicaba Menéndez Pelayo. Desde que el maestro español expusiera este criterio algo hemos progresado en la tarea de definir dicha modalidad literaria. Porque resulta necesario delimitar las fronteras epocales y los rasgos caracte­rísticos del género. Dentro del costumbrismo, en su más lato sentido, sería posible incluir casi toda la literatura satírica y social. Hasta las comedias grie­gas de Aristófanes y Menandro podríamos remontarnos. Si consideramos costumbrismo cualquier reflejo de las costumbres en una obra de arte, literaria o no, sería extremadamente caudalosa esta corriente. Estarían dentro de ella lo mismo un poema épico, una pieza dramática o una novela, hasta algunas crea­ciones plásticas. Por lo tanto, es imprescindible acotar más ceñidamente su es­tricta especificidad y sus límites cronológicos.
Todos los intentos destinados a definir la literatura de costumbres están abocados al fracaso si no tienen en cuenta, como observara Menéndez Pelayo, su modernidad, así como el hecho definitorio de que es un género autónomo, independiente de otras funciones literarias. Precisamente el cuadro de costum­bres surge en forma autónoma en relación directa con el desarrollo de las publicaciones periódicas en el siglo XVIII. La creciente edición de periódicos y revistas permitió la publicación —de breves trabajos, en prosa casi siempre, que en forma concisa y con intención satírica, o meramente recreativa, describían usos, hábitos, costumbres, tipos característicos y representativos de una socie­dad determinada—. Su proyección era predominantemente de crítica social y de carácter reformador.