Dador

Ficha bibliográfica

Serie:Poesía 183
Portada:Esfera de piedra precolombina
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Descripción

Dador. José Lezama Lima

 

Fragmento de la obra

DADOR

Aparecen tres mesas ocupadas por tres adolescentes con máscaras doradas. En la primera mesa, mitad morado y mitad amarillo muy apagados, cada una de las tres figuras están fuertemente adormecidas. A los pasos de danza, cada uno de los enmascarados sucesivamente baila alrededor de su mesa, y después, describiendo semicírculos y rápidas líneas, va desfilando por las otras dos mesas. Los de la segunda mesa pueden vestir un azul fosforescente con un rojo de fruta tropical roja. Los de la tercera mesa, blanco y un color intermedio, verde de hoja lloviznada, tal vez. Detrás de las tres mesas, cuatro figuras mayores en armaduras. La primera figura, todas han de ser de hermosa estatura, como las mesas se presuponen ocupadas por gentilidad y adolescencia, muestra una armadura pesada y lentísima, comenzando a danzar entre las tres restantes figuras del segundo término. Los enmascarados que ocupaban las primeras mesas se han vuelto a adormecer. La otra figura de armadura, igualmente pesada y brusca, tiene sus hierros cubiertos de fragmentos vegetativos. Agita sus ramajes y hojas, y baila describiendo también espirales y semicírculos, entre las tres restantes figuras de armadura. La otra armadura muestra una gran mancha, y se presupone que es la figura que va a morir, muévese con servicial geometría, sin acabar de terminar sus gestos y como con dolorosos y arrastrados movimientos. La cuarta figura de armadura es el grotesco, salta y desconcierta, y se mueve con indescriptibles, toscos y falsos gestos airados. La armadura puede tener un brazo de cartón o un pie fuera de los hierros, buscando anclarse en gestos graves pero bufonescos. Cada uno de los enmascarados de las primeras mesas,y cada una de las figuras en armadura, van también danzando entre la animación del primer plano. El pleno se conseguirá con las figuras en armadura bailando entre sí y entre las mesas con los enmascarados en danza, causando una impresión mantenida de rejuego y algazara, pero sin perder el diseño de espirales y semicírculos. En el telón de fondo, dos cariátides. Una, de gran tamaño, alrededor de veinte veces el tamaño natural de un rostro. Otra, es como un rostro retorcido, como una máscara de antiguo combatiente japonés. La pequeña cariátide lanza con indetenible reiteración la fija cantidad de luz que los danzantes necesitan. La de gran tamaño, en tiempo cíclico, dispara la nieve de luz, aumentando la visibilidad de las destrezas, arcos y movimientos de las figuras. Al aumentar tan poderosamente la cariátide rnayor la proyección de la luz, hará aparecer por momentos a los movimientos como spintrias y peces ciegos rapidísimos.

Edición de referencia: Ucar García y Cía, La Habana, 1960.