De las antiguas gentes del Perú

3.00

Número de serie: Historia 93
ISBN ebook: 9788498970340
ISBN papel: 9788496290594
Páginas: 128
Portada: Luis Montero: Los funerales del Inca Atahualpa
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Descripción

Basta esta cita de De las antiguas gentes del Perú para comprender la idea del «buen gobierno» de los Incas descrita por Bartolomé de las Casas:

«Consideraba (…) la condición e inclinaciones de las gentes, y si entendía que eran orgullosos o inquietos, traía de otros pueblos, mayormente de los que tenía más conocidos y experimentados por fieles y obedientes, aprobados y leales, donde mandaba que morasen y usasen de sus oficios o ejercicios que en su naturaleza usaban, para que los de allí aprendiesen a vivir quietos, y para que, entendiendo quel rey los mandaba poner allí por esta causa, temiesen de hacer novedades, como quien tenía cabe si las espías y testigos que habían luego de avisar al señor, y por consiguiente, de causar en el pueblo inquietud se descuidasen.
En todas las fronteras y límites de su imperio traía de los más esforzados y belicosos de su reino con sus mujeres y casas, mandándoles que allí poblasen y rompiesen las tierras para sus labranzas, dándoles privilegios y exenciones, para que con mejor gana lo aceptasen. Hacíales edificar fortalezas para su defensión y de los pueblos y provincias comarcanos; y esto principalmente se hacía en los confines de las gentes que vivían en las montañas, porque era gente indómita y que salían muchas veces a inquietar y dañar los pacíficos, haciendo saltos. Cuando sentía que algunas gentes de su imperio eran bulliciosas, sacábalos de aquella provincia y dábales tierras en otra parte donde no tuviesen ocasión de bullir o levantarse, cuidando siempre que el temple de la tierra donde los pasaba fuere al de la tierra que dejaban semejante. Éstos que así ponía, y los que mandaba en otros pueblos, llamaban mithimaes. Dejábalos en su vestido y traje y en su lengua, puesto que les mandaba que aprendiesen la natural del pueblo. Sujetábalos a la jurisdicción del señor o gobernador que allí presidía. Tenía también singular cuidado que los vecinos que de una parte a otra mandaba, fuesen a tierra que tuviese el temple mismo y cielo y disposición, o muy propincua de aquella de donde los traían y mandaban; porque ésta es regla general en todas las Indias, que mudándose los indios de tierra caliente a fría, o de fría a la caliente, o que tenga mucha diferencia en estas cualidades, que han de perecer de la gente que hace esta mudanza la mayor parte.»

 

Fragmento de la obra

Capítulo I. De las poblaciones y edificios notables del antiguo Perú
Para dar noticia con encarecimiento condigno de las poblaciones y comunidades o ayuntamientos de las gentes de los reinos del Perú para vivir socialmente, que llamamos villas y ciudades, de cuántas eran, y de edificios tales y tantos cuán adornadas y suntuosamente constituidas y edificadas, enriquecidas, ennoblecidas y prosperadas, sin alguna duda sería mucho tiempo necesario, y no sé si podría hallar para explicarlo suficientes vocablos; y porque la multitud de los pueblos y ciudades de las regiones que pudieron ser pobladas, las cercas dellas, las fortalezas, los templos, las Casas reales, los aposentos de los reyes y señores, fuera y dentro de los lugares y ciudades; los edificios y primor de los artificios de todo lo dicho; los caminos reales, las puentes de los ríos grandes, las acequias para regar sus sementeras y heredades, todo como es ni mucha parte de su invención, primores, artificio, industria, sutileza, grandeza, hermosura ni riqueza puede ser explicado; al menos referirse ha como pudiéremos de todo ello lo que se pudiere notificar, poniendo a la letra lo que los que lo vieron de nuestra nación hallaron, experimentaron, encarecieron, loaron, escribieron y aun puesto en molde, para que a todos constase, manifestaron.
Comienzan estos edificios y poblaciones notables desde lo postrero del reino de Popayan y de los pueblos de Pasto, yendo hacia la dicha provincia, primera del Perú, nombrada Quito o Guito. El postrero pueblo de la provincia de Pasto se llama Tuca, y cerca de allí había una fortaleza con su cava, muy fuerte para entre gente que no tiene artificios ni máquinas de fuego ni lombardas. De allí poco adelante, yendo hacia Quito o Guito, están los muy notables aposentos que se dicen de Carangue, y éstos están en una plaza no muy grande; son hechos de paredes de muy pulida y hermosa piedra, y piedras dellas muy grandes, que parece ser imposible allí ponellas hombres humanos. Están asentadas tan juntas y por tanta sutileza, y a lo que se juzga, sin ninguna mezcla, que no parece sino que todo el edificio es una piedra o en piedra cavado, así son Palacios reales. Dentro destos aposentos está un estanque de agua de piedra muy pulida edificado. Hubo aquí un templo dedicado al Sol, de gran majestad y grandes edificios, según parece agora por las paredes y piedras grandes que se ven caídas. Por dentro y las paredes estaban chapadas de oro y plata, y él estaba lleno de grandes vasijas de oro y plata para sus sacrificios, como otros muchos templos que por aquellos reinos se han visto. Era tenido este templo en gran reverencia y estima de todas las gentes de la comarca.
Donde agora está la ciudad de Quito, que se llama San Francisco, digo ciudad de españoles, había grandes y poderosos y ricos Aposentos reales y templos del Sol muy señalados, a los cuales la gente llamaban Quito.
Adelante destos había otros en una población que se llama Mulahaló, y éstos no debían ser de los muy grandes, puesto que había en ellos grandes casas de depósitos, donde había todas las provisiones necesarias para la gente de guerra, como abajo será declarado.
Después destos, adelante hay un pueblo llamado Tacunga, donde había unos grandes y ricos Palacios y Aposentos reales tan principales como los de Quito, y quizá más ricos, como se parece (aunque están destruidos agora) en las paredes la grandeza y riqueza dellos, donde se ven las señales donde las chapas de oro y plata estaban clavadas y muchas cosas de oro esculpidas; mayormente había en las paredes encajadas ovejas de oro de bulto, cosas muy admirables. Estas riquezas estaban en el templo del Sol y en los Palacios reales. Y en este pueblo eran señalados estos edificios y templo y Casa real más que en algunas de las partes pasadas, y se tenían, y así lo eran, [por] mayores y más principales.
Adelante hay otros aposentos grandes y de grandes edificios, que se dicen de Mocha, que cuando los nuestros los vieron, quedaron espantados, según su grandeza y hermosura, aunque derrocados; pero, porque habían sido edificados tan fuertes y pulidos y por tan sutil artificio, por muchos tiempos adelante se conocerá por quien los viere, haber sido cosas memorables.
Más adelante destos de Mocha, están otros que se dicen de Riobamba.

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