Década epistolar sobre el estado de las letras en Francia

Ficha bibliográfica

Serie: Pensamiento 97
ISBN ebook: 9788498166637
ISBN papel: 9788499539096
Páginas: 156
Portada: Tipografía Romain Du Roi
Category:Pensamiento
Author:Francisco María de Silva
Categoría: Cultos modernos Etiquetas: España, Francia, Siglo XVIII

Descripción

Década epistolar sobre el estado de las letras en Francia. Francisco María de Silva

 

Fragmento de la obra

I. París y enero 11 de 1780

Amigo y señor: Mucho me pide Vm. en pocas palabras. El estado actual de las buenas letras en Francia no es asunto para satisfecho en corto número de renglones. ¿Con una cartita quiere Vm. salir de una curiosidad, cuyo examen cuesta mucho estudio, y un gran tino de crítica, y discernimiento? Brava ocasión me daba Vm. de lucir, si yo me sintiera capaz de desempeñar su encargo; y una buena oportunidad de charlatanear, si yo tuviera genio de hacer ostentación de mis ociosidades: pero ni uno ni otro son géneros de mi tienda.
Con poco trabajo mío voy a dar a Vm. razón, no solo de lo que me pide, sino de algo más para que vea cómo a veces suele ser muy fácil salir con una empresa que tiene apariencias de difícil. Basta el saber hacer buena elección de los medios, y poner algún cuidado en darles un buen orden y verificar sus materiales. Me hallo a la mano con una obra de la que le iré traduciendo a Vm. algunos capítulos, y con solo este trabajo material debe quedar satisfecha la pregunta.
Ya ve Vm. que no quiero darme la gloria de autor, ni caer en la flaqueza de plagiario; me ciño a exponer por mayor el plan del asunto, y a acompañarle de las traducciones que le ofrezco. En otro tiempo el que se calificaba de científico solía desdeñar la erudición, y el que juzgaba poseerla con alguna amenidad, creía no deber pasar sus límites. Pero ahora son tan hermanas las ciencias y las buenas letras, que no hay ningún hombre docto que no se ejercite en éstas, ni erudito que no entre en la elevada carrera de aquéllas. El primer ejemplo que quiero dar a Vm. de esta aserción mía son los dos célebres patriarcas de la literatura francesa, y filosofía moderna Rousseau, y Voltaire, de quienes hablaré a su tiempo.
Las famosas Academias, y la antigua Universidad de la Sorbona mantienen con los choques literarios un fuego que chispea y brilla en esta gran capital, de suerte que en ninguna otra se ven tan propagados los conocimientos de las letras y tan refinado el buen gusto.
Por una consecuencia de las vicisitudes humanas se ha introducido en esta clase el abuso y la corrupción, de modo, que el ir distinguiendo, y separando una cosa de otra debe ser el cuidado del hombre sabio, y de talento, cristiandad, aplicación y honradez.
Hay aquí cierta especie de doctos que se llaman filósofos. Éstos han ido tomando un grande ascendiente, y se han formado un poderoso partido. Renuevan las ideas, sistemas, o por mejor decir sectas de los antiguos filósofos; las visten a la moda; las dan lustre con el hermoso y rápido estilo de la cultivada lengua que hablan, y tiene recibida toda Europa; adaptan, y barnizan las paradojas de algunos impíos de los dos últimos siglos, autores despreciables, y ya olvidados; y procuran por todos los medios avasallar todo el mundo literario a su imperio. Siguen a éstos otros semifilósofos de talentos muy medianos, que por vanidad y soberbia, dándose los aires de doctos, entran en su secta y partido, haciendo pueblo, para difundir sus máximas, y alucinar a los menos cautos. Unos a otros respectivamente se celebran, y protegen, y en el torbellino de sus máximas quieren envolver el mundo entero.