Diario de a bordo. Segundo viaje, tercer y cuarto viaje

3.00

Número de serie: Historia-Viajes 111
ISBN ebook: 9788498970364
ISBN papel: 9788498166064
Número de páginas: 72
Imagen de portada: Cristóbal Colón ante los Reyes católicos en la corte de Barcelona
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Descripción

Diario de a bordo. Segundo viaje, tercer y cuarto viaje

El Diario de a bordo de Cristóbal Colón —transcrito por Bartolomé de las Casas— nos descubre a un personaje fascinante y contradictorio, que pasa del entusiasmo a la desconfianza o a las especulaciones geográficas más aventuradas (la confusión, por ejemplo, de Cuba por Cipango, el nombre que los europeos daban a Japón durante el Medioevo). Sin embargo, aunque en su persona se mezclen la maravilla ante el mundo desconocido, el piadoso deseo de evangelizar a los «salvajes» y una manifiesta avidez de riquezas, Colón fue sin duda un explorador y un navegante increíblemente visionario.
Ninguna aventura en la historia ha sido más crucial que la llegada de la carabela Santa María a las Américas en 1492, un acontecimiento que supuso un extraordinario ensanchamiento del mundo —para algunos incluso el comienzo de lo que hoy llamamos globalización— y el encuentro de dos mundos que se ignoraban. Pero, ¿cómo se le ocurrió a Colón el insensato proyecto de llegar a Oriente por Occidente? Y, sobre todo, ¿cómo consiguió convencer a los Reyes Católicos para que financiaran la aventura, a pesar de la incredulidad y de las reservas de los políticos y los científicos de la época?

 

Fragmento de la obra

Memorial que para los Reyes Católicos dio el Almirante a don Antonio de Torres

Lo que vos, Antonio de Torres, capitán de la nao Marigalante y alcaide de la ciudad Isabela, habéis de decir y suplicar de mi parte al Rey y la Reina Nuestros Señores es lo siguiente:
Primeramente, dadas las cartas de creencia que lleváis de mí para Sus Altezas, besaréis por mí sus reales pies y manos, y me encomendaréis en Sus Altezas como a Rey y Reina mis Señores naturales, en cuyo servicio yo deseo fenecer mis días, como esto más largamente vos podréis decir a Sus Altezas, según lo que en mí vistes y supisteis.
Ítem: Como quiera que por las cartas que a Sus Altezas escribo y aun el Padre Fray Buil y el Tesorero, podrán comprender todo lo que acá después de nuestra llegada se hizo, y esto harto por menudo y extensamente; con todo, diréis a Sus Altezas de mi parte que a Dios ha placido darme tal gracia para en su servicio, que hasta aquí no hallo yo menos ni se ha hallado en cosa alguna de lo que escribí y dije y afirmé a Sus Altezas en los días pasados, antes, por gracia de Dios, espero que aún muy más claramente y muy presto por la obra parecerá, porque las cosas de especería en solas las orillas de la mar, sin haber entrado dentro en la tierra, se halla tal rastro y principios de ella, que es razón que se esperen muy mejores fines, y esto mismo en las minas del oro, porque con solos dos que fueron a descubrir cada una por su parte, sin detenerse allá porque era poca gente, se ha descubierto tantos ríos tan poblados de oro que cualquier de los que lo vieron cogieron solamente con las manos por muestra vinieron tan alegres y dicen tantas cosas de la abundancia de ello que yo tengo empacho de las decir y escribir a Sus Altezas; pero, porque allá va Gorbalán, que fue uno de los descubridores, él dirá lo que vio, aunque acá queda otro que llaman Hojeda, criado del Duque de Medinaceli, muy discreto mozo y de muy buen recaudo, que sin duda y aun sin comparación descubrió mucho más, según el memorial de los ríos que él trajo, diciendo que en cada uno de ellos hay cosa de no creella; por lo cual Sus Altezas pueden dar gracias a Dios, pues tan favorablemente se ha en todas sus cosas.