El año de Spitzberg

1.00

Book Information

Serie:Narrativa 5
ISBN ebook:9788499530789
ISBN papel:9788496428287
Páginas:28
Portada:Carl Schmidt: Mapa de Spitzberg
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Descripción

El año de Spitzberg. Pedro Antonio de Alarcón

Edición de referencia: Madrid, Ediciones Fax, 1943.

 

Fragmento de la obra

I
Estoy viendo desaparecer hacia el Mediodía el buque ballenero que me deja abandonado en esta isla desierta, sobre la arena de una playa sin nombre.
¡Heme aquí solo; solo en un ámbito de mil leguas!
Yo amaba a una mujer… El demonio de los celos me mordió el corazón, y he matado a mi rival en desafío… ¡Era un príncipe!
Y el Gobierno ruso me ha condenado a pasar aquí un año…; es decir, me ha condenado a muerte.
¡Ah! ¿Por qué no me entregó al hacha del verdugo? ¿Por qué hacerme expirar de frío, de hambre, de tristeza, de desesperación, o disputando mi cuerpo al terrible oso blanco, si mi delito no era más que uno?

¡Spitzberg!… ¡Estoy en el terrible archipiélago que ninguna raza ha podido habitar! ¡Me hallo a los 77 grados latitud Norte, a doscientas sesenta leguas del Polo!
Creo haber oído decir a mis asesinos que esta isla es la del Nordeste, la más meridional del horroroso grupo, la más templada de todas… ¡Cruel compasión… que prolongará algunas horas mi agonía!
Ignoro en cuál de estos témpanos de hielo eterno tiene la Rusia una colonia para la peletería y la pesca de la ballena; pero lo que sí sé es que los colonos emigrarían a la Laponia a fines de agosto, hace dos meses, y no volverán hasta la primavera… ¡dentro de doscientos cuarenta días!
¡Estoy, pues, solo, sin hogar, sin amparo, sin viveres, sin consuelos!
¡Morir! He aquí mi inevitable y próxima suerte.
Hoy es 17 de octubre… El frío avanza por el Norte… Dentro de pocos días me helaré, sin remedio.
Entre tanto me alimentaré con la caza. ¡Siquiera esos crueles me han dejado una escopeta… «por si quería suicidarme de este modo». Mataré rengíferos, chuparé hielo y me procuraré un abrigo entre esas rocas. El inglés Parry habitó cabañas de nieve en el Norte de América a los 73 grados. ¡Ah! Sí….; ¡pero yo estoy cuatro grados más cerca del Polo, y no tengo fuego para calentarme!
¡Morir! ¡Morir! ¡He aquí mi infalible destino!