El cerco de Numancia

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 121
ISBN ebook:9788499532424
ISBN papel:9788498163773
Páginas:102
Portada:Plano de Numancia
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Descripción

En El cerco de Numancia, también titulada La destrucción de Numancia, Miguel de Cervantes escenifica el tema patriótico del sacrificio colectivo ante el asedio del general romano Escipión. Aquí el hambre parece un personaje más ciñéndose sobre los habitantes de la ciudad acosada. Se añaden además figuras alegóricas que profetizan un futuro glorioso para España. El cerco de Numancia es una obra donde la Providencia parece tener un cometido trascendental.

 

Fragmento de la obra

Jornada segunda

(Salen Teógenes, y Caravino, con otros cuatro numantinos, gobernadores de Numancia, y Marquino, hechicero, y siéntanse.)

Teógenes: Paréceme, varones esforzados,
que en nuestros daños con rigor influyen
los tristes signos y contrarios hados,
pues nuestra fuerza humana disminuyen.
Tiénennos los romanos encerrados
y con cobardes manos nos destruyen;
ni con matar muriendo no hay vengarnos,
ni podemos sin alas escaparnos.
No solo a vencernos se despiertan
los que habemos vencido veces tantas;
que también españoles se conciertan
con ellos a segar nuestras gargantas.
Tan gran maldad los cielos no consientan;
con rayos hieran las ligeras plantas
que se muestren en daño del amigo,
favoreciendo al pérfido enemigo.
Mirad si imagináis algún remedio
para salir de tanta desventura,
porque este largo y trabajoso asedio
solo promete presta sepultura.
El ancho foso nos estorba el medio
de probar con las armas la ventura,
aunque a veces valientes, fuertes brazos
rompen mil contrapuestos embarazos.

Caravino: ¡A Júpiter pluguiera soberano
que nuestra juventud sola se viera
con todo el cruel ejército romano,
adonde el brazo rodear pudiera,
que allí, al valor de la española mano,
la misma muerte poco estorbo hiciera
para dejar de abrir franco camino
a la salud del pueblo numantino!
Mas pues en tales términos nos vemos,
que estamos como damas encerrados,
hagamos todo cuanto hacer podemos
para mostrar los ánimos osados.
A nuestros enemigos convidemos
a singular batalla; que, cansados
de este cerco tan largo, ser podría
quisiesen acabarle por tal vía.
Y cuando este remedio no suceda
a la justa medida del deseo,
otro camino de intentar nos queda,
aunque más trabajoso a lo que creo.
Este foso y muralla que nos veda
el paso al enemigo que allí veo,
en un tropel de noche le rompamos
y por ayuda a los amigos vamos.

Numantino 1: O sea por el foso o por la muerte,
de abrir tenemos paso a nuestra vida;
que es dolor insufrible el de la muerte,
si llega cuando más vive la vida.
Remedio a las miserias es la muerte
si se acrecientan ellas con la vida,
y suele tanto más ser excelente
cuanto se muere más honradamente.