El collar de la paloma

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ISBN CM: 9788490074480

ISBN rústica: 9788498167498 SKU: 9788499530833 Categorías: , , , Etiquetas: , ,

Descripción

El collar de la paloma es la obra más conocida de Abu Muhammad Alí Ibn Hazm, «el filósofo de Córdoba», teólogo, jurista, polemista, erudito, y una de las mentes más brillantes de España. El collar de la paloma está fechado en 1022 en la ciudad de Játiva, y es según Ortega y Gasset: «el libro más ilustre sobre el tema del amor en la civilización musulmana». A lo largo de los treinta capítulos que componen esta obra única e inclasificable, donde se mezclan reflexiones, recuerdos y la lectura de poemas escogidos, a medio camino entre el tratado, las memorias y la antología poética, el autor habla de la naturaleza del amor y de sus metamorfosis, de las personas que se enamoran, de sus trucos y sus recursos, de sus aliados, de los signos que permiten identificarlas… Al lector actual tal vez le sorprenda comprobar que El collar de la paloma es una obra tan clásica como El arte de amar de Ovidio y tan contemporánea como los Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes.
El presente texto fue traducido por Emilio García Gómez.

 

Fragmento de la obra

Prólogo
¡En el nombre de Dios Clemente y Misericordioso, cuya ayuda imploro!

Dice Abû Muhammad (¡Dios le perdone!):
El mejor comienzo es tributar a Dios Honrado y Poderoso la alabanza que se le debe e impetrar la bendición divina para Mahoma su siervo y apóstol, en particular, y para todos sus profetas, en general.
Después digo:
¡Que Dios nos resguarde a ti y a mí de la incertidumbre sobre el buen camino; que no nos imponga un peso mayor que nuestras fuerzas; que nos destine con su excelente ayuda una guía segura que nos encamine a obedecerle; que, con su apoyo, nos otorgue un freno que nos aparte de rebelarnos contra Él; que no nos abandone a la flaqueza de nuestros intentos, al desfallecimiento de nuestras fuerzas, a la fragilidad de nuestra naturaleza, a la disputa de nuestros pareceres, a la mala elección de nuestro albedrío, a la exigüidad de nuestro discernimiento y a la depravación de nuestras pasiones!
Tu carta me llegó desde la ciudad de Almería a mi casa en la corte de Játiva y me trajo noticias de tu buena salud, que no poco me alegraron. Alabé a Dios Honrado y Poderoso por ella y le pedí que te la conservase y acreciese.
Pero no pasó mucho tiempo sin que te viera, pues que viniste a mí en persona desafiando la fatiga de tan gran jornada, la separación de nuestros hogares, la no floja distancia, la longitud del viaje, los riesgos del camino y las demás penalidades, que hubieran hecho desistir al más deseoso y tornado olvidadizo al de mejor memoria, menos a ti, ligado por los vínculos de la fidelidad; celoso custodio de las obligaciones estipuladas, de los firmes afectos y de los fueros que exige nuestra común crianza y nuestro amor de los años mozos; menos a ti que me amas por amor de Dios Altísimo. A Dios alabamos y damos gracias por haber apretado este afecto entre nosotros.
El alcance de tu carta era ya mayor del que suelo hallar en las demás tuyas. Pero, por otra parte, cuando viniste, me descubriste tus intentos y me pusiste al tanto de tu parecer, con esa costumbre que nunca ha dejado de haber entre nosotros, de que me hagas compartir todo lo tuyo, tanto lo dulce como lo amargo, lo secreto como lo público, y porque siempre te ha movido un verdadero afecto hacia mí, que te devuelvo con creces, sin desear más premio que la correspondencia.