El dueño de las estrellas

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 342
ISBN ebook:9788498972221
ISBN papel:9788498162943
Páginas:126
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Descripción

En El dueño de las estrellas Licurgo, de la isla de Creta, vive en un exilio autoimpuesto de Esparta, de donde salió para evitar que se cumpliese un horóscopo nefasto. Una noche encuentra al rey de Creta en la cama de Diana, su esposa, y en lugar de asesinar a quien le ha deshonrado se suicida, burlando así el trágico destino que le habían impuesto los astros. A ello le ha conducido la razón exasperada: a evitar la fatalidad a costa del sacrificio.​ Este drama ético-político de Juan Ruiz de Alarcón tiene un desenlace original para el eterno conflicto de la lealtad de los vasallos a sus soberanos.​ El dueño de las estrellas es un drama épico que muestra el interés de Ruiz de Alarcón por los temas históricos y mitológicos.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen al son de chirimías el Rey. Severo, Palante, descubren en lo alto un Sol en un altar, arrodíllanse el Rey y Severo, sacan pendientes del cuello unas medallas doradas.)

Rey: Deifica gloria, refulgente Apolo,
del cielo cuarto ilustrador eterno,
a quien los hados concedieron solo
de la luz la tiara y el gobierno,
que desde Arturo al contrapuesto Polo,
y desde el alto Empíreo al hondo infierno
con tus piramidales rayos miras,
mientras el carro de diamante giras,
pues Júpiter ordena soberano
que yo en la edad de joven floreciente
el cetro mueva en la inexperta mano,
que dilata su Imperio en el Oriente:
tu vaticinio, que jamás es vano,
ciego me alumbre, y tímido me aliente,
el orden de reinar en paz me explique,
y en mí y en mi corona pronostique.

(Habla uno detrás del Oráculo. Pide a Licurgo el árbol venturoso. Cúbrenlo. Tocan chirimías.)

Severo: Aquí cesó el Oráculo Febeo.

Rey: Su respuesta me deja más dudoso;
su fin no entiendo, y sus palabras creo.

Severo: Interpretarlo pues será forzoso,
para cumplir, señor, vuestro deseo.

Rey: Diga Palante, que misterio esconde,
según su voto, lo que el Dios responde.

Palante: Yo entiendo, gran señor, que Apolo ordena
que de Licurgo el Espartano imites,
la vida singular de ciencias llena,
porque el bien de tu Reino facilites.

Rey: Tu explicación, Palante, es muy ajena
de la verdad, si la razón admites:
que el cargo de reinar no me reserva
tiempos que dar al culto de Minerva.

Palante: Yo quedo convencido, y ya deseo
que vuestra Alteza la sentencia oscura
explique del Oráculo Febeo.

Rey: Deste Reino Cretense la ventura
el santo vaticinio, según creo,
pronostica, y del todo la asegura,
si las leyes traslado a este hemisferio,
que dio Licurgo al Espartano Imperio.

Palante: Gran Rey de Creta, no a tu ingenio agudo
hay ciego enigma, frasi no secreta.