El examen de maridos

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 343
ISBN ebook:9788498972276
ISBN papel:9788496428362
Páginas:132
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Descripción

En El examen de maridos Inés, decide hacer pasar por una serie de pruebas severas a sus pretendientes. Sin embargo, antes de empezar el concurso se enamora de don Fadrique, uno de los con­cursantes, en medio de las alegaciones de don Car­los, otro pretendiente, contra el rival afortunado. Así, esclava de su or­gullo, Inés inicia el examen de maridos.
Poco después se descubre que Carlos no aspira a casarse con Inés y solo ha intervenido en el concurso matrimo­nial porque ha creído que Blanca, de quien está enamorado, ha cedido a los galanteos de don Fadrique. Aclarados los entuertos, las parejas se arreglan.
El examen de maridos es una de la tres comedias de enredo de Juan Ruiz de Alarcón concebido en torno a una prueba: El semejante a sí mismo, La prueba de las promesas y El examen de maridos. Estas obras se inspiran en La novela del curioso impertinente, de Miguel de Cervantes Saavedra, el ejemplo XI de El conde Lucanor, El mercader de Venecia, y Les vissionaries, de Jean Desmarets.
La autoría de El examen de maridos ha sido muy discutida, aunque la mayoría de los críticos la consideran de Ruiz de Alarcón. En esta pieza cabe destacar el personaje de Doña Inés, uno de los más logrados de todo su teatro, a quien varios hombres cortejan. Aquí Ruiz de Alarcón inserta refranes populares, de América y España. Además, se percibe su interés por conseguir la excelencia estética en compromiso con la verdad y los valores morales.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen doña Inés, de luto, y Mencía.)

Mencía: Ya que tan sola has quedado
con la muerte del Marqués
tu padre, forzoso es,
señora, tomar estado;
que en su casa has sucedido,
y una mujer principal
parece en la corte mal
sin padres y sin marido.

Inés: Ni más puedo responderte,
ni puedo más resolver,
de que a mi padre he de ser
tan obediente en la muerte
como en la vida lo fui;
y con este justo intento
aguardo su testamento
para disponer de mí.

(Sale Beltrán de camino.)

Beltrán: Dame, señora, los pies.

Inés: Vengas muy en hora buena,
Beltrán, amigo.

Beltrán: La pena
de la muerte del Marqués,
mi señor, que esté en la gloria,
me pesa de renovarte,
cuando era bien apartarte
de tan funesta memoria;
mas cumplo lo que ordenó
cercano al último aliento:
en lugar de testamento
este pliego me entregó,
sobrescrito para ti.

(Dale un pliego.)

Inés: A recebirle, del pecho
sale, en lágrimas deshecho
(Abre el pliego.)
el corazón. Dice así:
(Lee.)
«Antes que te cases,
mira lo que haces».

Mencía: ¿No dice más?

Inés: No, Mencía.

Beltrán: Su postrer disposición
cifró toda en un renglón.