El gigante Amapolas

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 2
ISBN ebook:9788498979046
ISBN papel:9788498164695
Páginas:46
Portada:John La Farge: Los viajeros y el gigante
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Descripción

El gigante Amapolas es una pieza de teatro político en que se parodia la épica militar instaurada por el tirano Juan Manuel Rosas en la Argentina del siglo XIX. En algún momento de la obra se confunden «Amapolas» y «Rosas» y hace evidente la ironía del título. Alberdi reflexiona sobre el ímpetu revolucionario, la exaltación bélica y la ausencia de un marco legal que conduzca a las fuerzas del cambio hacia una salida realista. A lo largo de la obra se enfrentan con suprema ironía dos extraños ejércitos ilusorios que se combaten ignorándose unos a otros y erigiendo símbolos y valores imaginarios que les sirven de identidad.

Edición de referencia: Obras selectas, Buenos Aires, Librería La Facultad de Juan Roldán, 1920, t. XVI.

 

Fragmento de la obra

Peti-pieza cómica en un acto
Dedicada respetuosamente a sus excelencias los señores presidentes y generales Rivera, Bulnes y Ballivián para que conozcan el escollo y se abstengan de caer en él.

EPÍGRAFES POR PREFACIO
-Que me ahorquen si digo que no esté lleno de verdad en el fondo.

-Cansado de hacer concesiones estériles a los hombres públicos, hoy quiero hacerlas a la verdad, que también es princesa del mundo y gusta de homenajes.

-Para reanimar la fe, para alentar a los que desmayan, para abrir esperanzas de victoria y libertad.

-A ver si enseñando a conocer la verdad de las cosas sucedidas, se aprende a despreciar el poder quimérico de la opresión.

El teatro representa un espacio abierto. A la izquierda un gigante de tres varas, con un puñal de hoja de lata, de dimensión enorme, bañado en sangre. Un soldado hace la centinela. Se oye caja que toca alarma.

Centinela: ¡Qué largas son las noches! ¡Y qué frías! Digo que es endiablada profesión la del soldado: así pasa uno los más bellos años de su vida, y la recompensa con que por fin de sus días le premia la Patria, es muchas veces, un suplicio ignominioso… Si no me engaño, creo que oigo sonar caja… (Fija el oído.) ¡Si será el enemigo! Ayer ha corrido que los nuestros habían sido derrotados: ¡pero se miente tanto! (Pone atención nuevamente.) O será toque de diana: aunque no… No puede ser. Es temprano todavía: se ve a la luz de la Luna, en el reloj de la casa capitular, que son las cuatro recién. (Se fija otra vez.) ¡Es toque de alarma! (Se pasea.) ¡Vaya!… ¡Fiesta tenemos! Hoy se revuelve el cotarro: sin la menor duda, los nuestros han sido derrotados. ¡Ya se ve!… Lo raro es que todavía estemos con las costillas sanas; somos cuatro gatos, estamos maniatados, tenemos a la cabeza un héroe de paja, ¿qué extraño sería que nos amarrasen a todos?… Con todo, yo todavía espero que hemos de vencer: ¡son tan locos nuestros enemigos! ¿Acaso necesitan de que nadie los derrote? Ellos no más son los autores de sus disparadas. Puede uno ser un gigante de paja, y con solo estarse quieto, vencerlos a cada instante, como v. g… (Haciendo una guiñada al gigante, se aproxima a la caja.) Aquí tenemos al tambor de órdenes; él nos dirá lo que hay… (Sale el tambor, atados los pies y la mano izquierda tocando con la derecha, y andando a saltos.) ¿Quién vive?