El laberinto de amor

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 109
ISBN ebook:9788498972368
ISBN papel:9788498163681
Páginas:142
Portada:Diseño micrográfico en forma de laberinto
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Descripción

El laberinto de amor es una comedia de rasgos caballerescos ambientada en la Italia de la época. Relata las pasiones amorosas y sus consecuencias trágicas o cómicas, centrándolo en la historia de una inocente que es calumniada y después defendida por un paladín desconocido. La trama era habitual en la literatura medieval. Miguel de Cervantes condena los matrimonios de conveniencia impuestos por los padres enfrentados al amor verdadero. Asimismo introduce nuevos elementos de intriga en la trama para soprender a los espectadores en las escenas finales.

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

Anastasio: Señores, ¿es verdad lo que se suena;
que apenas treinta millas de Novara
está Manfredo, duque de Rosena?

Ciudadano 1: Si esa verdad queréis saber más clara,
aquí un embajador del duque viene,
que bien la nueva y su llegada aclara.
En Roso y sus jardines se entretiene,
hasta que nuestro duque le dé aviso
para venir al tiempo que conviene.

Anastasio: ¿Y es Manfredo galán?

Ciudadano 2: Es un Narciso,
según que sus retratos dan la muestra,
y aun le va bien de discreción y aviso.

Anastasio: ¿Y Rosamira, la duquesa vuestra,
pone de voluntad el yugo al cuello?

Ciudadano 1: Nunca al querer del padre fue siniestra;
cuanto más, que se vee que gana en ello,
siendo el duque quien es.

Anastasio: Así parece;
aunque, con todo, algunos dudan dello:

Ciudadano 2: Del duque es esta guarda que se ofrece,
y aquí el embajador vendrá, sin duda.

Ciudadano 1: Mucho le honra el duque.

Ciudadano 2: Él lo merece.

Duque: Diréis también que a recrearse acuda.
Y que en Módena o Reza se entretenga
mientras del tiempo este rigor se muda,
para que en este espacio se prevenga
a su venida tal recebimiento,
que más de amor que de grandeza tenga;
añadiréis el singular contento
que con sus donas recibió su esposa,
y más de su llegada a salvamento.

Embajador: Tu condición, señor, tan generosa,
me obliga a que me haga lenguas todo
para decir el bien que en ti reposa;
pero, aunque no las tenga, me acomodo
a decir por extenso al señor mío
de tus grandezas el no visto modo.

Duque: Dellas no, mas de vos muy más confío.