El licenciado vidriera

1.00

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 77
ISBN ebook:9788498970593
ISBN papel:9788496428416
Páginas:36
Portada:Talla en cristal de roca encontrada en una cisterna en Cartago
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Descripción

En El licenciado vidriera Miguel de Cervantes parodia con cierto aire de tristeza las fantasías de un hombre que cree que su cuerpo es de cristal.

 

Fragmento de la obra

Paseándose dos caballeros estudiantes por las riberas de Tormes hallaron en ellas, debajo de un árbol durmiendo, a un muchacho de hasta edad de once años, vestido como labrador. Mandaron a un criado que le despertase. Despertó, y preguntáronle de adónde era y qué hacía durmiendo en aquella soledad. A lo cual el muchacho respondió que el nombre de su tierra se le había olvidado, y que iba a la ciudad de Salamanca a buscar un amo a quien servir, por solo que le diese estudio. Preguntáronle si sabía leer; respondió que sí, y escribir también.
—Desa manera —dijo uno de los caballeros— no es por falta de memoria habérsete olvidado el nombre de tu patria.
—Sea por lo que fuere —respondió el muchacho—, que ni el della ni del de mis padres sabrá ninguno hasta que yo pueda honrarlos a ellos y a ella.
—Pues ¿de qué suerte los piensas honrar? —preguntó el otro caballero.
—Con mis estudios —respondió el muchacho—, siendo famoso por ellos. Porque yo he oído decir que de los hombres se hacen los obispos.
Esta respuesta movió a los dos caballeros a que le recibiesen y llevasen consigo, como lo hicieron, dándole estudio, de la manera que se usa dar, en aquella universidad a los criados que sirven. Dijo el muchacho que se llamaba Tomás Rodaja, de donde infirieron sus amos, por el nombre y por el vestido, que debía de ser hijo de algún labrador pobre. A pocos días le vistieron de negro, y a pocas semanas dio Tomás muestras de tener raro ingenio, sirviendo a sus amos con tanta fidelidad, puntualidad y diligencia, que con no faltar un punto a sus estudios, parecía que solo se ocupaba en servirlos. Y como el buen servir del siervo mueve la voluntad del señor a tratarle bien, ya Tomás Rodaja no era criado de sus amos, sino su compañero. Finalmente, en ocho años que estuvo con ellos, se hizo tan famoso en la universidad, por su buen ingenio y notable habilidad que de todo género de gentes era estimado y querido.