El nuevo palacio del Retiro

ISBN rústica: 9788498164169

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Descripción

El nuevo palacio del Retiro pertenece al ciclo de autos sacramentales escritos por Calderón de la Barca. Los autos sacramentales son obras religiosas de carácter alegórico representadas sobre todo en España y Portugal durante el Corpus Christi. Este género ocupa un papel muy interesante en la tradición teatral de Occidente, pues coexistió, antes de desaparecer, con una incipiente y cada vez más popular narrativa escénica interesada en los individuos, y en los sucesos mundanos.

 

Fragmento de la obra

Acto único

(Sale el Judaísmo solo, vestido a lo judío, del carro del Estanque.)

Judaísmo: ¿Dónde voy con errante
paso? ¿Dónde confuso y vacilante
me lleva mi destino,
sin rumbo, sin vereda y sin camino?
Este campo ¿no era 5
desierta población, desierta esfera
de vides y de olivos,
edificios ayer vegetativos,
donde ufana vivía
la sinagoga de mi Ley Judía? 10
Pues ¿quién en él tan presto
muros ha fabricado, torres puesto,
cuya altura eminente
empina al orbe de zafir la frente,
y es dórica columna 15
del cóncavo palacio de la Luna?
Su fábrica dorada
en doce piedras se miró fundada.
Doce puertas abiertas
están; al aquilón miran tres puertas, 20
al austro tres se rompen blandamente,
tres al ocaso y tres hacia el oriente,
y todas doce iguales,
guarnecidas de cándidos cristales
en quien mi Ley conoce 25
doce vislumbres de mis tribus doce.
¿Qué fábrica ésta ha sido?
¿Para quién, para quién se ha prevenido
esta casa, este templo,
última maravilla sin ejemplo? 30
Dígasme, ¡oh ciudadano
de ese supremo alcázar soberano!,
¿qué casa hermosa y nueva
la vista turba y el sentido eleva?
Porque saber espera mi cuidado 35
a qué tierra, a qué campo hoy he llegado,
siguiendo mi destino.

(Sale el Hombre del carro del Palacio.)

Hombre: Solo en Jerusalén, tú, peregrino,
¿quién eres, que ignorado
has de tanto edificio fabricado 40
la grandeza eminente?

Judaísmo: Oye, y sabrás quién soy, atentamente,
que quiero en esta parte
a que tú me respondas obligarte.
Yo fui la Ley Natural 45
en aquel siglo, en aquel
candor y yugo sencillo
de nuestra primera Ley.
Yo fui la edad primitiva,
que poseí, que gocé 50
sin sobresaltos la paz,
y sin pensiones el bien.