El periquillo sarniento III

Ficha bibliográfica

Serie: Narrativa 99
ISBN ebook: 9788498970630
ISBN papel: 9788498166187
Páginas: 168
Portada: Cristóbal de Villalpando: El Diluvio
Notas de: Autores varios
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Descripción

El Periquillo Sarniento es la primera novela de toda Hispanoamérica. Fue escrita en México por José Joaquín Fernández de Lizardi en 1816. El libro muestra una marcada influencia neoclásica y pretensiones moralizantes. Cuenta la vida de un anciano que ante la cercanía de la muerte escribe una biografía con consejos para sus hijos. Allí entre otras cosas relata su experiencia con la iglesia mexicana y su salida de un convento franciscano donde estuvo recluido algunos meses.

 

Fragmento de la obra

Ninguno diga quién es, sus obras lo dirán. Este proloquio es tan antiguo como cierto, todo el mundo está convencido de su infalibilidad; y así ¿que tengo yo que ponderar mis malos procederes cuando con referirlos se ponderan? Lo que apeteciera, hijos míos, sería que no leyerais mi vida como quien lee una novela, sino que pararais la consideración más allá de la cáscara de los hechos, advirtiendo los tristes resultados de la holgazanería, inutilidad, inconstancia y demás vicios que me afectaron; haciendo análisis de los extraviados sucesos de mi vida, indagando sus causas, temiendo sus consecuencias, y desechando los errores vulgares que veis adoptados por mí y por otros; empapándoos en las sólidas máximas de la sana y cristiana moral que os presentan a la vista mis reflexiones; y, en una palabra, desearía que penetrarais en todas sus partes la sustancia de la obra, que os divirtierais con lo ridículo, que conocierais el error y el abuso para no imitar el uno ni abrazar el otro, y que donde hallarais algún hecho virtuoso os enamorarais de su dulce fuerza y procurarais imitarlo. Esto es deciros, hijos míos, que deseara que de la lectura de mi vida sacarais tres frutos, dos principales, y uno accesorio. Amor a la virtud, aborrecimiento al vicio y diversión. Éste es mi deseo, y por esto, más que por otra cosa, me tomo la molestia de escribiros mis más escondidos crímenes y defectos; si no lo consiguiere, moriré al menos con el consuelo de que mis intenciones son laudables. Basta de digresiones que está el papel caro.

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