El rico avariento o la vida y muerte de san Lázaro

Ficha bibliográfica

Serie: Teatro 192
ISBN ebook: 9788498975628
ISBN papel: 9788498160871
Páginas: 130
Portada: Codex Aureus Echternach
Editor: Vern G. Williamson
Category:Teatro
Author:Antonio Mira de Amescua
Categoría: Cultos modernos Etiquetas: España, Siglo XVII

Descripción

En El rico avariento o la vida y muerte de san Lázaro Mira de Amescua se inspira en una parábola pronunciada por Cristo: Había un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico… Sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: «Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama». Pero Abraham le dijo: «Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros».

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen Nabal y Jordán, lacayo.)

Nabal Deja que blasfemias diga.

Jordán No has de decir tal blasfemia.

Nabal Si Dios con trabajos premia,
¿qué dará cuando castiga?

Jordán Consolémonos los dos
que hambres pasamos iguales,
y en los bienes y en los males
gracias le demos a Dios.

Nabal ¡Que dé gracias me aconsejas
a Dios de ser pobre! ¡Bueno!
De rabia y de afrenta lleno
le daré voces y quejas.
El rico soberbio y vano
se las dé; que yo afligido
solamente he recibido
pesadumbres de su mano.
Gracias dé el favorecido;
que yo, que no soy dichoso,
si le doy gracias quejoso,
¿qué le daré agradecido?
En vano intentas, Jordán
importuno, aconsejarme;
que para desesperarme
tus consejos servirán.
Tales efectos se ven
de ardor que en mi pecho lidia;
muero rabiando de envidia
si miro el ajeno bien.
¡Qué en pesar tan riguroso
para aumentar mi desvelo
conmigo es avaro el cielo
y con los demás piadoso!
Pues su mano —¡pena rara!—
para hacer mayor mi mal
es con todos liberal,
y solo conmigo avara.
Todo me falta, ¡ay de mí!
Ninguna hacienda poseo.
Pobre y mísero me veo.