El semejante a sí mismo

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 344
ISBN ebook:9788498972504
ISBN papel:9788498162950
Páginas:132
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Descripción

El semejante a sí mismo ironiza con las mentiras de los personajes que ocultan la verdad para seducir, y ridiculiza la falta de verosimilitud de estos episodios amorosos. Como en otra piezas del teatro novohispano, marcado por la convención dramatúrgica de que la trama transcurriese en España, Juan Ruiz de Alarcón hace una sola mención a México: «México, la celebrada / cabeza del indio mundo…»
Esta es una de las primeras obras de Alarcón, escrita, se cree, durante su estancia en Sevilla, y ambientada en esa ciudad. Algunos críticos la consideran una comedia de intención moralizante, aunque también contiene intriga y carácter, en torno a las veleidades amorosas de dos jóvenes. Es una de las piezas menos conocidas de Ruiz de Alarcón y guarda cierta relación estilística con la novela corta El curioso impertinente, de Miguel de Cervantes Saavedra.​

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen don Juan, Leonardo y Sancho.)

Juan ¡Hermosa vista!

Leonardo Un abril
goza en sus puertas Sevilla.

Juan Es octava maravilla.

Leonardo Ya la fama cuenta mil,
porque a las siete del mundo
no hay quien la suya no aumente.

Juan Al Escorial justamente
le dan lugar sin segundo.

Sancho Yo sé siete maravillas
nuevas, que con más razón
dignas de este nombre son.

Juan Quiero oíllas.

Sancho Yo decillas.
La primera, si se mide
con las antiguas, por tres
puede valer.

Leonardo ¿Y cuál es?

Sancho Una mujer que no pide.

Juan Si es de Madrid la mujer.

Sancho Es segunda maravilla
un caballero en Sevilla
sin ramo de mercader.
La tercera es justamente
un calvo alegre de sello,
y que no arrastre el cabello
desde el cogote a la frente.
La cuarta, una doncellita
que no casarse desea.
La quinta, una mujer fea
que los años no se quita.
Por sexta quiero contar
un bien contento soldado;
y por séptima, un casado
que le pese de enviudar.
La octava es un mercader
sin achaques de logrero;
un oficial de barbero
sin guitarra en que tañer;
una dama que se alegra
con agua pura la faz;
un marido mozo en paz
con cuñados y con suegra;
sin un San Pedro y San Pablo
la iglesia de alguna aldea,
y un tahur que no desea
tal vez que le lleve el diablo.