El señorío de los incas. Selección

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ISBN CM: 9788490075647

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Descripción

El señorío de los incas es la segunda parte de la Crónica del Perú, de Pedro Cieza, y trata sobre la historia de los Incas y las dinastías del Antiguo Perú. Fue descubierta en la Biblioteca de El Escorial por el historiador peruano Manuel González de La Rosa, que preparó una edición para publicarla en Londres en 1873. Esta no vio la luz por razones económicas. En 1880, Marcos Jiménez de la Espada, publicó finalmente la obra, con el título de Segunda parte de la crónica del Perú, que trata del señorío de los incas yupanquis y de sus grandes hechos y gobernación (actualmente conocida como El Señorío de los Incas).

Selección de: Manuel Ballesteros Gaibrois

 

Fragmento de la obra

…De la cual y dél procedieron todos los naturales que hubo y hay. Tenían por Dios al Sol. Acá en estas provincias del Perú, aunque ciegos, los hombres dan más razón de sí, puesto que cuentan tantas fábulas que serían dañosas si las hubiese describir. Cuentan estas naciones que antiguamente, muchos años antes que hubiese Incas estando las tierras muy pobladas de gentes, que vino tan gran diluvio y tormenta que, saliendo la mar de sus límites y curso natural, hinchió toda la tierra de agua de tal manera que toda la gente pereció, porque allegaron las aguas hasta los más altos montes de toda la serranía. Y sobre esto dicen los guancas, habitadores en el valle de Xaoxa y los naturales de Chaquito en el Collao que, no embargante que este diluvio fuese tan grande y en todas partes tan general, por las cuevas y concavidades de peñas se escondieron algunos con sus mujeres, de los cuales se tornaron a henchir de gentes estas tierras, porque fue mucho lo que multiplicaron. Otros Señores de la serranía y aun de los llanos dicen también que no escapó hombre ninguno que dejase de perecer, si no fueron seis personas que escaparon en una balsa o barca, las cuales engendraron las que ha habido y hay. En fin, sobre esto unos y otros cuentan tantos dichos y fábulas (si lo son), que sería muy gran trabajo escribirlas. Creer que hubo algún diluvio particular en esta longura de tierra como fue en Tesalia y en otras partes, no lo dude el lector porque todos en general lo afirman y dicen sobre ello lo que yo escribo y no lo que esotros fingen y componen; y no creo yo que estos indios tengan memoria del Diluvio, porque cierto tengo para mí ellos poblaron después de haber pasado y haber habido entre los hombres la división de las lenguas en la Torre de Babel. Todos los moradores de las provincias de acá creen la inmortalidad de la ánima como creen que hay Hacedor. Tienen por Dios soberano al Sol. Adoraban en árboles, piedras, sierras y en otras cosas que ellos imaginaban. El creer que el ánima era inmortal, según lo que yo entendí de muchos Señores naturales a quien lo pregunté, era que muchos decían que si en el mundo había sido el varón valiente y había engendrado muchos hijos y tenido reverencia a sus padres y hecho plegarias y sacrificios al Sol y a los demás dioses suyos, que su songo deste, que ellos tienen por corazón, porque distinguir la natura del ánima y su potencia no lo saben ni nosotros entendemos dellos más de lo que yo cuento, va a un lugar deleitoso lleno de vicios y recreaciones, adonde todos comen, beben y huelgan; y si por el contrario ha sido malo, inobediente a sus padres, enemigo de la religión, va a otro lugar oscuro y tenebroso. En el primer libro traté más largo en estas materias; por tanto, pasando adelante, contaré de la misma manera que estaban las gentes deste reino antes que floreciesen los Incas ni dél se hiciesen señores soberanos por él, antes sabemos, por lo que todos sabemos y afirman, que eran behetrías sin tener la orden y gran razón y justicia que después tuvieron; y lo que hay que decir de Ticiviracocha, a quien ellos llamaban y tenían por Hacedor de todas las cosas.

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