En el presidio

1.00

Número de serie: Narrativa 404
ISBN ebook: 9788490078808
Páginas: 16
Portada: Una imagen de la buena salud. Frenología
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Descripción

En el presidio. Emilia Pardo Bazán

 

Fragmento de la obra

El hombre era como un susto de feo, y con esa fealdad siniestra que escribe sobre el semblante lo sombrío del corazón. Cuadrado el rostro y marcada de viruelas la piel, sus ojos, pequeños, sepultados en las órbitas, despedían cortas chispas de ferocidad. La boca era bestial; la nariz, chata y aplastada en su arranque. De las orejas y de las manos mucho tendrían que contar los señores que se dedican a estudios criminológicos. Hablarían del asa y del lóbulo, de los repliegues y de las concavidades, de la forma del pulgar y de la magnitud, verdaderamente alarmante, de aquellas extremidades velludas, cuyos nudillos semejaban, cada uno, una seca nuez. Dirían, por remate, que los brazos eran más largos de lo que correspondía a la estatura. En fin, dibujarían el tipo del criminal nato, que sin duda era el presidiario a quien veíamos tejer con tal cachaza hilos de paja de colores, que destinaba a una petaca, labor inútil y primorosa, impropia de aquellas garras de gorila.
El director del penal, que me acompañaba, me llevó a su despacho con objeto de referirme la historia del individuo.
—¡Un crimen del género espeluznante! Lo que suele admirarme en casos como el de este Juanote, que así le llamaban en su pueblo, es eso de que toda una familia se ponga de acuerdo para cometer algo tan enorme y no la arredre consideración alguna. Se comprende más lo que haga una persona sola. Unirse en sentimientos y exaltaciones tales tiene algo de extraño; pero el caso es que sucede.
Aunque en el crimen parece que fue Juanote el más culpado, los demás no le dejaron solo. Los móviles son un misterio; se han dicho cien cosas y no se ha comprobado ninguna. ¿Los móviles? Yo, que tengo experiencia, digo que es una de las curiosidades del crimen la escasa relación de los móviles con el hecho. Actos espantosos se realizan, y si va usted a mirar, por móviles baladíes. Sin embargo, cuando cometen el crimen varias personas, unidas a la víctima por vínculos de sangre, no se concibe que no haya antecedentes, estados anteriores, determinante. Y aquí no fallará la regla, pero no hemos podido desenredar el ovillejo, porque transcurrieron dos años antes de que el hecho se descubriese.
La víctima era un tratante de ganados, del pueblo de Cordaña, que desapareció de pronto, sin que nadie pudiera averiguar su paradero. ¿Dónde irá, dónde no irá? Los suyos eran los primeros a preguntarlo, a mostrar inquietud. Al principio, como un vecino le debía dinero, recayeron sospechas en él; pero mostró cumplidamente su inocencia y fue puesto en libertad. Comenzó a divulgarse la especie de que el tratante había huido a América, por no hacer frente al mal estado de sus negocios.

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