Episodios nacionales I. Cádiz

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 169
ISBN ebook:9788490072394
ISBN papel:9788490072776
Páginas:234
Portada:Reunión de las Cortes de Cádiz
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Descripción

Cádiz es la octava novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós.
El protagonista, el militar Gabriel de Araceli, es trasladado a la guarnición de Cádiz, donde narra sus dificultades para acceder al amor de Inés y los celos que le provoca la presencia de lord Gray.
Paralelamente, Gabriel de Araceli nos hace una narración de las diferentes tendencias de la sociedad, mezcladas con personajes de ficción y protagonistas históricos. Cádiz es el baluarte fundamental de la resistencia frente a los franceses, pero también el hogar del nuevo gobierno español sin Rey y de las diferentes tendencias que surgen en la sociedad. También es la síntesis de una España nueva en la que se pugna por el deseo de reformar las instituciones, mientras que otros luchan por mantenerlas intactas y por el regreso del príncipe Fernando. En la obra también asistimos a algunas sesiones de las Cortes.

Edición de referencia: Madrid, Imprenta y Litografía de La Guirnalda, 1878.

 

Fragmento de la obra

I

En una mañana del mes de Febrero de 1810 tuve que salir de la Isla, donde estaba de guarnición, para ir a Cádiz, obedeciendo a un aviso tan discreto como breve que cierta dama tuvo la bondad de enviarme. El día era hermoso, claro y alegre cual de Andalucía, y recorrí con otros compañeros, que hacia el mismo punto si no con igual objeto caminaban, el largo istmo que sirve para que el continente no tenga la desdicha de estar separado de Cádiz; examinamos al paso las obras admirables de Torregorda, la Cortadura y Puntales, charlamos con los frailes y personas graves que trabajaban en las fortificaciones; disputamos sobre si se percibían claramente o no las posiciones de los franceses al otro lado de la bahía; echamos unas cañas en el figón de Poenco, junto a la Puerta de Tierra, y finalmente, nos separamos en la plaza de San Juan de Dios, para marchar cada cual a su destino. Repito que era en Febrero, y aunque no puedo precisar el día, sí afirmo que corrían los principios de dicho mes, pues aún estaba calentita la famosa respuesta: «La ciudad de Cádiz, fiel a los principios que ha jurado, no reconoce otro rey que al señor don Femando VII. 6 de Febrero de 1810.»
Cuando llegué a la calle de la Verónica, y a la casa de doña Flora, esta me dijo:
—¡Cuán impaciente está la señora condesa, caballerito, y cómo se conoce que se ha distraído usted mirando a las majas que van a alborotar a casa del señor Poenco en Puerta de Tierra!
—Señora —le respondí— juro a usted que fuera de Pepa Hígados, la Churriana, y María de las Nieves, la de Sevilla, no había moza alguna en casa de Poenco. También pongo a Dios por testigo de que no nos detuvimos más que una hora y esto porque no nos llamaran descorteses y malos caballeros.
—Me gusta la frescura con que lo dice —exclamó con enfado doña Flora—. Caballerito, la condesa y yo estamos muy incomodadas con usted, sí señor. Desde el mes pasado en que mi amiga acertó a recoger en el Puerto esta oveja descarriada, no ha venido usted a visitarnos más que dos o tres veces, prefiriendo en sus horas de vagar y esparcimiento la compañía de soldados y mozas alegres, al trato de personas graves y delicadas que tan necesario es a un jovenzuelo sin experiencia. ¡Qué sería de ti —añadió reblandecida de improviso y en tono de confianza—, tierna criatura lanzada en tan temprana edad a los torbellinos del mundo, si nosotras, compadecidas de tu orfandad, no te agasajáramos y cuidáramos, fortaleciéndote a la vez el cuerpecito con sanos y gustosos platos, el alma con sabios consejos! Desgraciado niño… Vaya se acabaron los regaños, picarillo. Estás perdonado; desde hoy se acabó el mirar a esas desvergonzadas muchachuelas que van a casa de Poenco y comprenderás todo lo que vale un trato honesto y circunspecto con personas de peso y suposición. Vamos, dime lo que quieres almorzar. ¿Te quedarás aquí hasta mañana? ¿Tienes alguna herida, contusión o rasguño, para curártelo enseguida? Si quieres dormir, ya sabes que junto a mi cuarto hay una alcobita muy linda.