Escenas americanas

3.00

Book Information

Serie:Pensamiento 74
ISBN ebook:9788498978742
ISBN papel:9788493343941
Páginas:402
Portada:Construcción del Puente de Brooklyn
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Descripción

En Escenas americanas José Martí se sorprende una y otra vez ante el dinamismo de la sociedad norteamericana. El capital está asociado con la movilidad de las clases sociales y remueve una y otra vez, con extrema perversidad los órdenes establecidos. Escenas americanas es un libro futurista, compuesto de crónicas escritas para la prensa, entre ellas destacan las destinadas al periódico de Buenos Aires La Nación, marcado también por el exilio de Cuba, en el que Martí retrata con ojo crítico, en pleno siglo XIX, las obsesiones del capitalismo contemporáneo.

 

Fragmento de la obra

Carta a Bartolomé Mitre y Vedia
Nueva York, 19 de diciembre de 1882
Señor y amigo:
Contesto ahora, en medio de verdaderas premuras su carta, solo en lo cuerda igual a lo generosa, de 26 de septiembre último. Me pareció un rayo de mi propio Sol, y palabra del alma; ni me parece ahora que escribo a amistad nueva, sino a amigo antiguo, de corazón caliente y mente alta. No hay bien como el de estimar, y acaso sea éste hoy mi único placer. Queda, pues, dicho que leí con verdadero gozo sus observaciones acerca de la naturaleza de las cartas en que su buena voluntad permite que me empeñe, y que el gozo fue tanto porque vi mis pensamientos en los suyos, cuanto porque penetró usted en los míos. No hay cosa que yo abomine tanto como la pasión. Cierto que no me parece que sea buena raíz de pueblo, este amor exclusivo, vehemente y desasosegado de la fortuna material que malogra aquí, o —pule solo de un lado, las gentes—, y les da a la par aire de colosos y de niños. Cierto que en un cúmulo de pensadores avariciosos hierven ansias que no son para agradar, ni tranquilizar, a las tierras más jóvenes, y más generosamente inquietas de nuestra América. Cierto que me parecería cosa dolorosísima ver morir una tórtola a manos de un ogro. Pero ni la naturaleza humana es de ley tan ruin que la oscurezcan y encobren malas ligas meramente accidentales; ni lo que piense un cenáculo de ultraaguilistas es el pensar de todo un pueblo heterogéneo, trabajador, conservador, —entretenido en sí, y por sus mismas fuerzas varias, equilibrado; ni cabe de unas cuantas plumadas pretenciosas dar juicio cabal de una nación en que se han dado cita, al reclamo de la libertad, como todos los hombres, todos los problemas. Ni ante espectáculos magníficos, y contrapeso saludable de influencias libres, y resurrecciones del derecho humano—, aquí mismo a veces aletargado, cumple a un veedor fiel cerrar los ojos, ni a un decidor leal decir menos de las maravillas que está viendo.