Escenas latinoamericanas

3.00

Book Information

Serie:Pensamiento 75
ISBN ebook:9788498978759
ISBN papel:9788496290273
Páginas:384
Portada:Johannes Stradanus: Amerigo Vespucci redescubre América
Edición anotada:Autores varios
Category:
Author:

Categorías: , Etiquetas: , , , ,

Descripción

Escenas latinoamericanas contiene textos de José Martí sobre las relaciones entre Estados Unidos y Latinoamerica en la época del Congreso de Washington, convocado para intentar establecer una moneda única para todo el continente. Las crónicas de Martí acerca de este acontecimiento revelan las diferentes aristas de un mismo problema, el de las difíciles relaciones entre una América pujante y expansiva y otra atrapada por la carencia de industria nacional. Interesa también la agudeza martiana a la hora de desentrañar los entresijos de este proyecto grandioso y frustrado. En Escenas latinoamericanas Martí cita a la prensa de su tiempo y comenta quiénes son los propietarios de esos periódicos, qué tendencia política siguen y cómo para conseguir esa moneda única es preciso no incurrir en ingenuidades. Por otra parte, cabe añadir que para Martí las relaciones entre las dos Américas pasaban también por un vínculo equilibrado y estrecho con Europa, otro de los mercados de referencia para el continente.

 

Fragmento de la obra

Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima, ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos. Lo que quede de aldea en América ha de despertar. Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo en la cabeza, sino con las armas en la almohada, como los varones de Juan de Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.
No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados. Los pueblos que no se conocen han de darse prisa para conocerse, como quienes van a pelear juntos. Los que enseñan los puños, como hermanos celosos, que quieren los dos la misma tierra, o el de casa chica, que le tiene envidia al de casa mejor, han de encajar, de modo que sean una, las dos manos. Los que, al amparo de una tradición criminal, cercenaron, con el sable tinto en la sangre de sus mismas venas, la tierra del hermano vencido, del hermano castigado más allá de sus culpas, si no quieren que les llame el pueblo ladrones, devuélvanle sus tierras al hermano. Las deudas del honor no las cobra el honrado en dinero, a tanto por la bofetada. Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner en fila para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.