Fragmentos a su imán

Ficha bibliográfica

Serie:Poesía 185
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Descripción

Fragmentos a su imán. José Lezama Lima

 

Fragmento de la obra

DESEMBARCO AL MEDIODÍA

I
Los dientes eran el piano
de estribor; el anteojo, una tripita
que sale del cristal
izquierdo, el puente en la nariz
estalla, lluvia de charreteras
confitadas, gaviotas
en su retraso para el fisco
entre dos nubes alumbrado.
El coco con dos ojos
pintados se sonríe,
aclamaciones, la pólvora
diseña un mariscal cegato
hurgando con la lanza.
La pelirroja haciendo señas
con la flauta, atrae
a la tripulación que ya reclama
fornicar a la intemperie.
El farol en la cabaña oscila,
reciben nalgadas los tamboriteros
que entran temblorosos en el sueño
del hijo del jefe de la tribu.
El tamboritero alza un vaso
de aguardiente, también orina su sandalia.
Lo sombreado desliza sus tres hijos,
echando en el oído
no el plomo ensimismado,
sino el oro y oropel
de las piedras de la orina.
Su prole sonríe invariable-
mente detrás de una máscara
de oro granulado.

II
Redondea una conchilla,
enlaza rúbricas en la brisa,
guarda resquemor la toronja
por su piel ancestral.
Su punteado amarillo viejo
rectifica la presuntuosa
marina matinal.
Su rechazo a las preguntas,
inmóvil zarandeo global,
tecla sonriente y gamuza
que quiere pulimentar la clorofila.
Oso marfil y violonchelo,
entre patines y bandejas
la avejentada toronja matinal,
en el imán de las herraduras.
El Mercurio de Juan de Bolonia,
con los brazos cruzados del arco iris
en la marchita espalda de la toronja.
Calva del clown
más besado por la vecinería.
Esfera armilar y clavicordio,
partidos en cuatro como un mazapán
y como un queso.

III
Esta es la noche octosilábica,
con sílabas que avanzan
hacia la pulpa de una fruta.
En cuartetos y pareados
se verifica la horrible bifurcación
de la noche, escogiendo entre dos ríos.
Las sílabas se alzan en dos patas,
como los caballos ante las letras
aljamiadas del relámpago.
Las sílabas musitadas en el cónclave.
El acordeón que se despliega
con el aire genuflexo
y vuelve como una pasa
a esconderse debajo de la faldeta.
Avanza y se pierde,
luego recoge las sílabas como granos
de maíz picoteados por el guineo.
Cada grano de maíz
asciende como una sílaba
por la garganta del acordeón.
Las flechas, cuando son pájaros,
atraviesan las manos con anones,
buscan el renacimiento de la vihuela,
y las sílabas se agrupan y sobresaltan
en el porrón de las cenizas.
Las flechas encandilan los despojos,
y salta el bailarín.