Fumando

1.00

Book Information

Serie:Narrativa 410
ISBN ebook:9788490077993
ISBN papel:16
Portada:Koloman Moser: Diseño textil en seda
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Descripción

Fumando. Emilia Pardo Bazán

 

Fragmento de la obra

Cosa más elegante que aquel fumoir no se ha visto. Auténticos muebles ingleses, de esos inconfundibles, con muelles de elasticidad misteriosa —¡oh, solo Maple!— y forrados de un cuero bronceado, flexible y terso a la vez; paredes revestidas con viejos tapices persas, en que se funden armoniosos matices verdes y amarillos; vitrinas morunas de concha y nácar, donde se luce soberbia colección de boquillas, pipas, narguiles, bolsas de tabaco, petacas, pitilleras, fosforeras y tabaqueras. La colección está valuada en varios cientos de miles de pesetas, pero los inteligentes aseguran que muy por bajo de su verdadero valor, aun cuando solo se calculen los esmaltes y las pedrerías que guarnecen muchos de los objetos que la componen.
El fumoir (llamémosle fumadero para no usar sino palabras castizas) tiene al frente una galería encristalada. En ella, grandes vasos de «china», fabricada en Sajonia en el siglo XVIII, encierran plantas, cuyas hojas recortadas, de un verde de raso liso, decoran el recinto con una nota de naturaleza fina, alegre, mejorada por la mano del hombre. Dentro de esta galería o cierre, los privilegiados amigos del dueño de la casa se sientan a fumar, mientras a sus pies rueda el torrente de la capital populosa. Porque la casa —pudiera decirse palacio— de aquel niño mimado de la suerte está situada en la calle más céntrica, y los amigos, saboreando los lentos goces de la pereza, conocedores de las almas que animan los cuerpos de las mujeres a quienes ven pasar reclinadas en sus coches, comentan la historia de aquellas almas con indulgencias y tolerancias de escépticos amables y gastados.
El humo de los cigarros selectos, como guata de cardado algodón, apagaba el estridor de las opiniones cortantes y duras. Era el humo suave y social: de grises copos, deshechos blandamente y renovados sin tregua, su aroma sedante, adormecían las vehemencias verbales de la raza, narcotizaban las mentes y prestaban al diálogo cierto tranquilo tono de buen gusto. Los fumadores, generalmente, habían almorzado con el dueño de la casa, y una beatitud de buena digestión, de excelentes y bien condimentados manjares, regados por vinos de exquisita calidad y nobleza, completaba el goce más espiritual del habano, y el bienestar de reclinarse en tales sillones —¡oh la superioridad anglosajona!— adaptados al cuerpo como guantes. Y así se determinaba en aquéllos, pocos y muy escogidos, ese estado gratísimo en que el pensamiento no atormenta, antes parece disolverse en neblina dorada.