Guatimozín. Último emperador de México

Ficha bibliográfica

Serie:Narrativa 109
ISBN ebook:9788498169218
ISBN papel:9788498160000
Páginas:384
Portada:Cuauhtémoc, el último emperador azteca
Notas de:Gertrudis Gómez de Avellaneda
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Descripción

Guatimozín. Último emperador de México es una novela ambientada en la época de la Conquista. Gertrudis Gómez de Avellaneda consigue reflejar las aspiraciones nacionales de la Cuba del siglo XIX a través de un relato épico sobre la vida de Guatimozín.

México, Imprenta de Juan R. Navarro, 1853.

Fragmento de la obra

La muerte de Maximiliano I colocaba en la frente de Carlos V la corona imperial de la Alemania, y mientras el nuevo Cesar recibía el cetro en Aquisgrán, y la España, presa de la codicia y la arbitrariedad de algunos flamencos, ardía en intestinas disensiones, el genio osado y sagaz de Hernán Cortés, ensanchando los límites de los ya vastos dominios de aquel monarca, lanzábase a sujetar a su trono el inmenso continente de las Indias occidentales.
En vano Diego Velázquez, arrepentido de haberle entregado el mando del ejército, temeroso de su osadía y envidioso de su fortuna, quisiera detenerle en su rápida y victoriosa carrera; en vano también habían conspirado sordamente contra él enemigos subalternos.
Verificando política y oportunamente en Veracruz la dimisión del cargo conferido y revocado por Diego Velázquez, había conseguido el astuto caudillo asegurarse el mando que anhelaba y en el cual se sostuviera hasta entonces con más osadía que derecho.
Un ayuntamiento creado por él le había nuevamente revestido de la autoridad que fingiera deponer, y coronada por el éxito su sagacidad, inspiró mayor confianza a su ambición.
La severidad que desplegó luego que vio en cierta manera consolidado su poder, impuso terror al ejército y quitó a sus enemigos la facultad de dañarle. Muchos capitanes españoles que le eran desafectos, gemían en las cadenas exhalando estériles amenazas contra su arbitraria autoridad, mientras que el ayuntamiento, hechura suya, daba cuenta al rey de sus conquistas, ponderando las riquezas del Nuevo Mundo, enumerando pomposamente las provincias sometidas, representando las ventajas que debían redundar a la Iglesia de la propagación del cristianismo en aquel vasto hemisferio, y pidiéndole por conclusión revalidase al caudillo extremeño el nombramiento de capitán general que le habían concedido la villa y el ejército, con entera independencia de Diego Velázquez, gobernador de Cuba.
Cortés por sí mismo hizo otra representación manifestando más extensamente al rey sus altas esperanzas de conquista, y acompañó ambos despachos con ricas alhajas de oro y plata debidas a la liberalidad de los príncipes y caciques americanos.
Algunos soldados testigos del embarco de los mensajeros, trataron de fugarse para dar aviso al gobernador; pero descubierta su intención por el vigilante caudillo, sufrieron la última pena; inspirando este ejemplo tan profundo terror al pequeño ejército de su mando, que pudo creerse libre del riesgo de nuevas tentativas.