Huracán sobre el azúcar

Ficha bibliográfica

Serie:Historia 546
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Descripción

Los artículos periodísticos que integran Huracán sobre el azúcar se publicaron inicialmente en el suplemento cubano Lunes de Revolución, en L’Express y France Soir.
Este libro tuvo una enorme repercusión y levantó una ola interés por la revolución. Sin embargo, una lectura atenta nos mostraría con cuánta lucidez Jean Paul Sartre identificó en estos artículos muchos de los dilemas que tendría que afrontar la revolución cubana.

 

Fragmento de la obra

La Habana
Esta ciudad, fácil en 1949 cuando la visité por primera vez, me ha desorientado. Esta vez, estuve a punto de no comprender nada.
Vivimos en uno de los mejores barrios, en el Hotel Nacional, una fortaleza de lujo, flanqueada por dos torres cuadradas almenadas.
A sus clientes, que vienen de Estados Unidos, solo se les pide dos cualidades: fortuna y gusto. Como son raramente conciliables, si tienen la primera se les supone la segunda sin averiguar mucho.
Tropiezo a menudo en el vestíbulo con corpulentos «yanquis» (en Cuba los llaman así, a no ser que les digan «americanos») elegantes y deportivos, y observo con sorpresa sus rostros cansados. ¿Qué los aplasta: los millones o la sensibilidad? Sea como fuere, es un problema que no me concierne.
En mi cuarto de millonario podría caber mi apartamiento de París. Tiene sedas, paravanes, flores bordadas o en búcaros, dos hechos dobles para mí solo todas las comodidades.
Pongo al máximo el aire acondicionado para disfrutar del frío de los ricos. Con treinta grados a la sombra, me acerco a las ventanas y, con estremecimientos suntuosos, miro cómo transpiran los que pasan.
No he tenido que buscar mucho tiempo las razones en que se funda la supremacía, todavía indiscutible, del Nacional. Me ha bastado correr las cortinas en cuanto llegué: vi largos fantasmas gráciles estirarse hacia el cielo.
El Nacional domina el mar a la manera de las ciudades coloniales que desde hace tres siglos vigilan el puerto. Detrás de él, no hay nada: el Vedado.
El vedado era un coto cerrado. Cerrado contra los hombres, no contra las plantas. Aquel suelo prohibido fue invadido por la locura de las hierbas. Lo parcelaron y las hierbas desaparecieron súbitamente en 1952. Queda un terreno yermo, jalonado por la erupción de esas protuberancias locas que son los rascacielos.