Informes de don Félix de Azara, sobre varios proyectos de colonizar el Chaco

1.00

Book Information

Serie:Historia-Viajes 44
ISBN ebook:9788498976946
ISBN papel:9788498976953
Páginas:32
Portada:Mapa del Gran Chaco argentino. 1894
Prólogo de:Pedro de Angelis
Edición anotada:Autores varios
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Descripción

Informes de don Félix de Azara sobre varios proyectos de colonizar el Chaco es uno de los estudios de Azara sobre geografía e historia natural de Sudámerica.
Basta tender la vista al Chaco, donde han sido tan antiguos como constantes los esfuerzos que se han hecho para colonizarlo. El que lo intentó primero fue el capitán Andrés Manso, que rechazado de las fronteras del Perú por los regidores de la ciudad de la Plata, pasó el Pilcomayo con ánimo de establecerse en la margen occidental de este río; y por haber perecido a manos de los Chiriguanos, dejó a esta parte del Chaco el nombre de Llanos de Manso.
Entretanto las poblaciones avanzaban por todas partes, y antes que expirase el siglo XVI, que había sido testigo de tantas hazañas, se habían fundado Santa Fe, Santiago del Estero, Esteco, San Miguel del Tucumán, Salta, Jujuy, que formaban una zona habitada desde las costas del Paraná hasta los valles de Tarija.

Pedro de Angelis

Edición de referencia: Buenos Aires, Imprenta del Estado, 1836.

 

Fragmento de la obra

Proemio a los proyectos de colonización del Chaco
Lo que más exageraron los conquistadores del Nuevo Mundo fue su población y riqueza; y aunque confirmase sus cálculos la inagotable abundancia de metales preciosos que brotaron las minas, no sucedió lo mismo con los hombres, que se hallaron siempre muy inferiores en número a lo que había sido anunciado.
No faltaban vasallos a Montezuma ni a los Incas; estaban también pobladas las orillas de la mar y unas cuantas provincias interiores, donde se asilaba la gente cuando estallaba alguna guerra o contagio: pero la soledad y el silencio reinaban en la mayor parte de este continente, que se dijo después haber sido asolado por los europeos.
No es nuestro propósito justificar los actos de barbarie de que se hicieron culpables, ni tampoco las medidas impróvidas del gobierno español para el fomento de la población. Los primeros han sido juzgados por la historia, y para no dudar de lo desacertado de las segundas, basta tender la vista al Chaco, donde han sido tan antiguos como constantes los esfuerzos que se han hecho para colonizarlo.
El que lo intentó primero fue el capitán Andrés Manso, que rechazado de las fronteras del Perú por los regidores de la ciudad de la Plata, pasó el Pilcomayo con ánimo de establecerse en la margen occidental de este río; y por haber perecido a manos de los Chiriguanos, dejó a esta parte del Chaco el nombre de Llanos de Manso.
El mal éxito de esta empresa hizo abandonarla por el lado del norte, defendido con tanto tesón por la ferocidad de los habitantes y el celo de las autoridades limítrofes.
Entretanto las poblaciones avanzaban por todas partes, y antes que expirase el siglo XVI, que había sido testigo de tantas hazañas, se habían fundado Santa Fe, Santiago del Estero, Esteco, San Miguel del Tucumán, Salta, Jujuy, que formaban una zona habitada desde las costas del Paraná hasta los valles de Tarija.
Las tribus fronterizas se echaron con furor sobre estas colonias, y la de Santa Fe estuvo a pique de zozobrar bajo los repetidos asaltos de los Abipones. El gobierno de la Asunción, que presidía entonces estas provincias, no pudo mirar con indiferencia la suerte de este pueblo que le servía de escala para la navegación de Paraguay, y mandó fundar otro en las orillas del Bermejo para contener a los agresores.