La carta de Pero Vaz de Caminha

Descripción

La carta de Pero Vaz de Caminha

 

Fragmento de la obra

Señor,
Por bien que el capitán mayor de esta vuestra flota y así los otros capitanes escriban a Vuestra Alteza la nueva del hallazgo de esta vuestra tierra nueva que ahora en esta navegación se ha hallado, no dejaré tampoco de dar cuenta de eso a Vuestra Alteza así como mejor pueda, aunque para bien contar y hablar lo sepa hacer peor que todos. Pero tome Vuestra Alteza mi ignorancia por buena voluntad, la cual bien cierto crea que ni por adornar ni por afear haya aquí de poner más que aquello que vi y me pareció.
Del marinaje y singladuras del camino no daré aquí cuenta a Vuestra Alteza porque no lo sabré hacer y los pilotos deben estar a ese cuidado, y por tanto, Señor, de lo que he de hablar comienzo y digo.
Que la partida de Belém, como Vuestra Alteza sabe, fue el lunes 9 de marzo, y el sábado 14 de dicho mes, entre las ocho y las nueve horas, nos hallamos en las Canarias, más cerca de Gran Canaria, y allí anduvimos todo aquel día en calma, avistándolas obras de tres o cuatro leguas, y el domingo 22 de dicho mes, a las diez horas poco más o menos, avistamos las islas del Cabo Verde, scilicet [esto es], la isla de São Nicolau según dijo el piloto Pêro Escolar. Y durante la noche siguiente, en la madrugada del lunes [23 de marzo] se perdió de la flota la nave de Vasco de Ataíde sin que hubiera tiempo fuerte ni contrario para poder perderse. Hizo el capitán sus diligencias para hallarlo en unas y otras partes pero no apareció.
Y así seguimos nuestro camino por este mar de largo hasta el martes de octavas de Pascua, que era 21 de abril, en que encontramos algunas señales de tierra, siendo de dicha isla, según decían los pilotos, obra de seiscientas setenta o seiscientas setenta leguas, las cuales eran mucha cantidad de hierbas largas a las que los mareantes llaman sargazo y así otras que también llaman rabo de asno. Y el miércoles por la mañana [22 de abril] encontramos aves a las que llaman fura-buchos, y en este día a hora de vísperas avistamos tierra primeramente de un gran monte muy alto y redondo y de otras sierras más bajas al sur y de tierra llana con grandes arboledas.