La cueva de Salamanca

3.00

Ficha bibliográfica

Serie:Teatro 349
ISBN ebook:9788498979268
ISBN papel:9788498163001
Páginas:130
Portada:Entrada de la cueva de Salamanca
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Descripción

La cueva de Salamanca es una referencia obligada en el esoterismo español y aparece con frecuencia en las antologías de la literatura del barroco. Fue incluida en un clásico de la demonología de España, el tratado De disquisitionum magicarum de Martín del Río, de 1600. La cueva era centro de peregrinación de los viajeros que visitaban Salamanca y es referida en un poema de Walter Scott. Se cree que en la antigüedad fue lugar de culto de adoradores del Sol. El mito de la cueva está asociado a la figura del marqués don Enrique de Villena, quien siendo allí inquilino del Diablo logró engañarle y huir de su influjo.
El argumento de esta obra se desarrolla en la célebre cueva.​ Juan Ruiz de Alarcón, quien vivió algún tiempo en Salamanca, se inspiró en el entremés de Miguel de Cervantes. Enrico, su personaje principal, es una alusión al sabio novohispano Enrico Martínez. En La cueva de Salamanca se hace notar el interés de Ruiz de Alarcón por la magia y las ciencias ocultas.​

 

Fragmento de la obra

Jornada primera

(Salen don Diego, de estudiante, y don Juan, de noche.)

Diego: Don Juan, yo os prometo a Dios
que me tenéis enfadado,
que después que sois casado
no se puede andar con vos.
Si ver mujeres ordeno,
ninguna tiene buen talle;
si andar de noche en la calle,
os hace mal el sereno;
si al río quiero salir,
la humedad es mal segura;
si trazo una travesura,
miráis a lo porvenir;
si colérico me veis,
entra luego el predicar;
y al fin, si riño, en lugar
de ayudarme, me tenéis.
¡Pese a tal, don Juan, con vos!
Haced tal vez lo que quiero,
o buscad un compañero
hermano de Juan de Dios.

Juan: Ello está muy bien reñido,
mas poca razón tenéis,
pues, cuando soltero, veis
que nadie más loco ha sido.
¿Qué travesura intentastes
en que yo quedase atrás?
¿En qué pendencia jamás
a ese lado no me hallastes?
¿Qué calle no paseé?
¿Qué noche fría dormí?
¿Qué mujer con vos no vi,
o qué espaldas no os guardé?
Mas ya no es tiempo de andar,
don Diego, sin mucho tiento,
que es un yugo el casamiento
que al más bravo hace amansar.
Esto por vos no ha pasado,
y medís sin diferencia
de un soltero la licencia
y obligación de un casado.

Diego: Pues si estáis tan convertido
no salgáis de noche un punto.

Juan: No se olvida todo junto;
el ser mozo no he perdido.

Diego: Pues, ¡por vida de los dos,
que al gusto esta noche demos!

Juan: Por vos he de hacer extremos;
basta, al fin, quererlo vos.

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