La dama del alba

3.00

Número de serie: Teatro 12
ISBN ebook: 9788490079195
ISBN papel: 9788490077313
Páginas: 122
Portada: Fotograma de la película La dama del alba
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Descripción

Alejandro Casona cuenta en La dama del alba la historia de una familia desolada. Tras la muerte de Angélica, la madre, el abuelo y sus hermanos viven en continua vigilia, temerosos de que se repita la tragedia, atrapados en la melancolía. Un día reciben la breve visita de una Peregrina, y tras ella llega Adela para quedarse con la familia. Trae belleza, amor y vida al hogar. Cada miembro de la familia interpreta a su manera los acontecimientos. Al principio la madre se resiste a aceptar semejantes cambios en su vida, pero pasado un tiempo todos agradecen la llegada de Adela. Sin embargo, la Peregrina regresa y nada bueno augura su aparición, se intuye que una desgracia se cierne otra vez sobre ellos.
La dama del alba está llena de diálogos en que los personajes intentan desentrañar qué les supone el destino, quién es la Peregrina, qué influjo tiene sobre ellos y qué les puede deparar su presencia. Dudan en vano, los acontecimientos transcurren por sí mismos y poco pueden hacer para detenerlos.

 

Fragmento de la obra

ACTO PRIMERO

En un lugar de las Asturias de España. Sin tiempo. Planta baja de una casa de labranza que trasluce limpio bienestar. Sólida arquitectura de piedra encalada y maderas nobles. Al fondo amplio portón y ventana sobre el campo. A la derecha arranque de escalera que conduce a las habitaciones altas, y en primer término del mismo lado salida al corral. A la izquierda, entrada a la cocina, y en primer término la gran chimenea de leña ornada en lejas y vasares con lozas campesinas y el rebrillo rojo y ocre de los cobres. Apoyada en la pared del fondo una guadaña. Rústicos muebles de nogal y un viejo reloj de pared. Sobre el suelo, gruesas esteras de soga. Es de noche. Luz de quinqué.
La Madre, el Abuelo y los tres nietos (Andrés, Dorina y Falín) terminan de cenar. Telva, vieja criada, atiende a la mesa.

Abuelo: (Partiendo el pan.) Todavía está caliente la hogaza. Huele a ginesta en flor.

Telva: Ginesta y sarmiento seco; no hay leña mejor para caldear el horno. ¿Y qué me dice de este color de oro? Es el último candeal de la solana.

Abuelo: La harina es buena, pero tú la ayudas. Tienes unas manos pensadas por Dios para hacer pan.

Telva: ¿Y las hojuelas de azúcar? ¿Y la torrija de huevo? Por el invierno bien que le gusta mojada en vino caliente. (Mira a la Madre que está de codos en la mesa, como ausente.) ¿No va a cenar nada, mi ama?

Madre: Nada.

(Telva suspira resignada. Pónle leche en las escudillas de los niños.)

Falín: ¿Puedo migar sopas en la leche?

Andrés: Y yo ¿puedo traer el gato a comer conmigo en la mesa?

Dorina: El sitio del gato es la cocina. Siempre tiene las patas sucias de ceniza.

Andrés: ¿Y a ti quién te mete? El gato es mío.

Dorina: Pero el mantel lo lavo yo.

Abuelo: Hazle caso a tu hermana.

Andrés: ¿Por qué? Soy mayor que ella.

Abuelo: Pero ella es mujer.

Andrés: ¡Siempre igual! Al gato le gusta comer en la mesa y no le dejan; a mí me gusta comer en el suelo, y tampoco.