La escuadra del almirante Cervera

3.00

Book Information

Serie:Historia 583
ISBN ebook:9788499539713
ISBN papel:9788499533780
Páginas:160
Portada:Agustín Paloma Martí: Crucero Almirante Oquendo
Tablas informativas:Víctor María Concas y Palau
Ilustrador:Autores varios
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Descripción

La escuadra del almirante Cervera. Víctor María Concas y Palau

 

Fragmento de la obra

Tiempo hace que se firmó la paz y que se reanudaron las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Dejaron de ser Gobierno en España los elementos políticos causantes del desastre, que, apellidando disciplina al forzado silencio con que teníamos que oír las injurias de la opinión, sostenían el interesado desconocimiento de los hechos, cuya responsabilidad es exclusivamente suya. El Consejo Supremo de Guerra y Marina, en lento y minucioso proceso, ha dictado fallo absolutorio respecto al gran desastre naval de Santiago de Cuba, y, por último, hasta en la clásica impresionabilidad de los españoles casi podemos decir que al hecho poco le falta para pertenecer a la historia; aunque no, por cierto, para aquellas familias que aún lloran sus deudos, ni para los que regamos con nuestra sangre las cubiertas de las naves españolas, que, para complemento de amargura, hemos sufrido después el horrible tormento de tener que callar delante de los que habían hecho jirones la patria y su bandera, por ampararles formalismos de la ley, y contra los que, alta la frente, leales en el consejo, soldados en el peligro y esclavos del deber, somos de los pocos españoles que en todos los ámbitos de la tierra podemos blasonar de no haber dejado de hacer nada de cuanto cumplía a nuestro deber.
¿Ha llegado la hora de que se haga la luz? Según los extranjeros, nada se ha dicho en España en esclarecimiento de hechos de tal gravedad, con la honrosa excepción de las cartas del almirante Cervera publicadas en La Época de Madrid, y tienen razón en solicitar que se diga cuanto es pertinente al caso. Los españoles también preguntan por qué no nos defendemos; pregunta de notoria mala fe en los más, que saben perfectamente que la ley de Enjuiciamiento, mientras se seguía el proceso, y exigencias de la disciplina, han ahogado nuestra voz, y aun han de tenerla velada por mucho tiempo, por consideraciones mal llamadas de Estado; consideraciones que, ciertamente, ni en tal concepto, ni en el puramente militar, se han tenido con ninguno de nosotros.